viernes, 18 de diciembre de 2015

¿El fin... justifica los medios?: "Los Justos", de Albert Camus.




Título: Los Justos.
Autor: Albert Camus.
Año de publicación: 1949.
Editorial: Alianza (edición del 2004).
Páginas: 144.

 

La obra nos sitúa en la Rusia del siglo XX, en plena gestación de la Revolución. A lo largo de sus cinco actos, Camus nos mostrará la recreación de un grupo de rebeldes que planea poner fin a la vida del Gran Duque mediante un atentado terrorista en una ubicación muy próxima a su guarida. 

Los personajes están muy logrados a excepción de su propio líder, Annenkov, que no posee una personalidad marcada y perfilada como la de los demás. Mientras Yanek es un idealista que cree en la justicia y en una especie de utopía para con el pueblo ruso, con sus límites y sus miedos, Stepan, su contraparte, es duro, frío, indiferente y sin remordimientos, capaz de llegar hasta donde sea sin importarle su objetivo. Por ese motivo ambos chocaran en un principio, sirviéndole a Camus para demostrar las dos caras de los rebeldes y el pensamiento predominante en situaciones de tal calibre. Alexis Voinov, por su parte, pertenecería a la tercera clasificación de guerrillero, el que no posee agallas y que desea retirarse de la fila de acción directa para pasar a moverse mejor entre las sombras. Luego está Dora, que fabrica las bombas. Es una mujer inteligente y fuerte, aunque muy sentimental y, en forma de tópico, parece personificar la vertiente amorsa-pasional en la obra, vinculándose en una especie de amorío ambiguo que se denota en Yanek, pero también con Voinov. El elenco se torna muy creíble dada la situación, puesto que llegamos a conocer sus motivaciones mediante la expresión de ideales y pensamientos, a cada cual más tajante.

Camus.


El marco de fondo recae en la Rusia zarista y en el sufrimiento del pueblo, que pretende alzarse contra la tiranía del poder de los sangre azulada. No obstante, dicho factor le sirve a Camus para desarrollar un tema que parecía importarle en demasía: el de la dualidad dentro de la revolución. Efectivamente, los personajes de Yanek y Stepan son los que más destacan, pues en ellos Camus refleja los rostros del alzamiento: debilidad VS fuerza, idealismo VS realidad sangrienta. Para Stepan, que ha sido encarcelado y torturado por el régimen, todo vale en la lucha. Está dispuesto a llegar donde haga falta, sin importarle el tipo de actos a desarrollar, tales como matar a niños. El rencor y el odio que se mantienen adheridos en su corazón pesan demasiado y lo convierten en un ser sin escrúpulos, carente de una humanidad. Camus recrea las dos actitudes típicas de una revolución, cuestionando la universal expresión de «el fin justifica los medios» y hasta que punto eso nos transforma. Homo Homini Lupus. También destacaría el tema de la lealtad, pues, entre los personajes, es un factor candente. Los cinco comparten un poderoso lazo de unión inquebrantable y es, en gran medida, lo que les ayuda a seguir adelante.
La obra se divide en cinco actos y sin ninguna separación por escenas, algo que venía siendo típico del teatro del siglo XX y que puede hallarse en otras piezas como El círculo de tiza caucasiano de Brecht, cuyo género, el teatro épico, puede observarse en el texto de Camus, aunque no en su totalidad. Ambos tratan sobre la Rusia imperial y el alzamiento de las clases populares contra sus gobernantes, teniendo como absolutos protagonistas al pueblo, que lucha, firme, para obtener la libertad, aunque de maneras distintas en cada caso.
Los Justos en el Teatro del Duende, 2012.
Camus nos ofrece una pieza dinámica que mantiene al lector atento prácticamente siempre. La tensión dramática se palpa en los tres primeros actos con el tema del atentado, del cual el lector −o espectador− desconoce su futuro −a pesar del trasfondo histórico real−.
Los Justos, además de los tintes del teatro épico, también adopta ramas de la novela decimonónica europea, en especial la de Tesis, mediante la cual su autor pretendía exponer un pensamiento o una ideología a través de la construcción de su texto literario, como bien hicieron Galdós en su Doña Pefecta o Alarcón en El Escándalo. Camus aquí parece desear transmitir al público un retrato del pueblo ruso, el cual, tras la revolución, quedó mitificado en parte por las imágenes que encarna Yanek y, por otras, «monstruoalizado», como sería en el caso de Stepan. Camus incide en la idea de que ambas vertientes coexistieron y la identidad de Rusia no puede achacarse ni a unos ni a otros, sino a ambos.

En definitiva, para ser mi primera aproximación en la producción de Camus, ganador del nobel en 1957, me siento altamente satisfecho. Su prosa me ha maravillado y pretendo ampliar mis horizontes con respecto a él, pues con Los Justos, el autor galo me ha encandilado.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Redrum: "El Resplandor", de Stephen King.




Título: El Resplandor.
Autor: Stephen King.
Año: 1977.
Editorial: Plaza & Janés (edición especial del 2013 que contiene un avance de la segunda parte, Doctor Sueño).
Páginas: 656 (sin contar las pertenecientes al avance de Doctor Sueño).


Como presentación no se puede decir nada que no resulte ya archiconocido. Stephen King es un autor del que se ha oído hablar por lo menos alguna vez y El Resplandor es, probablemente, su obra más famosa, en parte por la adaptación de Kubrick, en parte por el episodio especial de Los Simpsons o por la propia miniserie que adapta la obra, siendo más fiel que el film de los 80. Es harto probable que todos conozcáis la historia por alguno de estos formatos o por la novela en sí, por lo que una introducción a ella no tendría sentido a estas alturas.

El Resplandor fue la tercera novela que publicó King tras Carrie y El Misterio de Salem’s Lot y, para ser de su producción temprana, la obra constituye un verdadero gozo. Es cierto que no posee la pulcritud y el excelente estilo de Misery, ni el maravilloso manejo de las técnicas narrativas de La Cúpula ni la prosa de La Niebla, pero mejora mucho los dos trabajos anteriores y nos ofrece, además, la primera y autentica muestra de lo que es algo habitual en su sello: la creación de personajes excelentes, con profundidad, dilemas y un desarrollo digno de aplauso.


Póster de la versión de Kubrick con
Jack Nicholson y Shelley Duvall
El Resplandor posee un total de 656 páginas y en las primeras 200 King se toma su tiempo para contarnos la vida de Jack, Danny y Wendy, relatándonos su pasado de forma fragmentada a través de los distintos puntos de vista −algunos sucesos son incluso narrados tres veces pero desde una visión alterna, para que conozcamos las emociones y la personalidad de cada uno−. El trabajo es maravilloso. Como lectores, somos testigos de la caída de Jack, un filólogo que daba clases de literatura en la universidad y que por culpa de su alcoholismo y sus arrebatos de violencia verá zozobrar aquello por lo que siempre luchó. Jack combatirá con fuerza para dejar atrás las cicatrices de su pasado que, por más que lo desee, no desaparecerán, pues ni él ni los demás son capaces de olvidarlo. La amargura de este aspirante a escritor es, sin duda, la labor más trabajada en la novela, aunque ni Wendy ni Danny se quedan atrás.
Wendy es el prototipo de una mujer más bien pasiva, dotada de un carácter fiero que aprenderá a dominar para plantar cara a sus temores. Durante la lectura no parece que sea capaz de rebelarse pero, debido a los sucesos que van aconteciendo, Wendy hace gala de un valor que uno no espera de ella a priori y me gusta que King la haya dotado con semejante temperamento y que, del mismo modo que sucede con Jack, podamos presenciar y valorar la maduración de Wendy, algo que el personaje de Hallorann hará notar en un momento dado, al catalogarla como una «mujer», distinta de la «muchacha» que vio entrar en el hotel por vez primera.
Homenaje a la versión de
Kubrick en Los Simpsons. 
Danny es el hijo del matrimonio Torrance. Tiene solo 5 años pero es muy maduro para su edad, algo que no es casual, ya que ni su entorno ni su don se lo han permitido. Danny no es un niño común, pues alberga en su interior una habilidad que Hallorann define como «esplendor», capacidad que le permite tener sueños premonitorios o de ver las cosas que el resto del mundo no puede ver y que, por ende, no deberían estar allí. Es un «don» o «capacidad» que le ofrece visiones tormentosas, que le permite leerle la mente a las personas que se encuentran a su alrededor y es capaz de sentir incluso el mismo dolor que ellas. Precisamente por ello, Danny se ha empapado del dolor, del rencor y de la desolación de su madre y de la amargura y del temor de Jack, lo que le han hecho madurar a marchas forzadas. Además, su «amigo imaginario», Tony, le ofrece visiones agradables pero, a medida que se acerca el momento de iniciar la partida hacia el Overlook, le muestra imágenes llenas de terror y sufrimiento, marcándole en demasía. Por eso veremos a un  niño que algunas veces actúa como tal pero, en otras, se nos alzará como un pequeño mucho más avezado que sus progenitores. Danny es la amenaza principal del Overlook y este lo sabe.

Hallorann no está tan desarrollado al pertenecer más bien al ámbito secundario, pero es un personaje que destaca, poseedor también del «esplendor» pero no tan poderoso como el de Danny, definido por él mismo como el «más intenso» que ha visto nunca. No obstante, jugará un papel decisivo en la novela.

King ha logrado encandilarme de nuevo. El trabajo narrativo llevado a cabo en El Resplandor es digno de aplauso. Los personajes están muy bien construidos y no solo ellos, sino el propio hotel, que, gracias a él, vemos como a una entidad viva que se presenta como el cuarto personaje principal. King lo describe con todo lujo de detalles y, por unos instantes, parece que nosotros mismos estemos allí, junto a los Torrance. Sin duda, en esta novela el autor americano realizó su primer gran trabajo, considerado hoy día uno de los mejores junto a IT y Misery.

Wendy (Rebecca De Mornay), Danny (Courtland Mead)
y Hallorann (Melvin Van Peebles) en la miniserie de 1997.

Antes de terminar, me gustaría incidir un poco más en el ámbito del terror. De todas las novelas que he leído de él esta es la primera que puedo considerar terrorífica de verdad. Algunos de los eventos que tienen lugar entre los muros del Overlook −o sus alrededores− son dignos de admiración. La famosa habitación 217, que Kubrick cambió por 237 en su adaptación, contiene, en mi opinión, la mejor prueba de ello y, luego, sin duda, lo que se oculta en la zona infantil, escalofriante.

El Resplandor, que King escribió basándose en el cuento de Poe La máscara de la Muerte Roja a la que tantas veces se alude con el transcurrir de las páginas, pasa a convertirse en mi tercera favorita de él, superada solo por La Cúpula y Misery −por el momento− ambas reseñadas en este blog. Sin duda alguna recomiendo su lectura, tanto por si os gusta el género de terror como por si valoráis los trabajos narrativos bien elaborados, presentes aquí en la construcción de unos personajes fuertes y sólidos, creíbles al cien por cien. Además, es una buena de manera de iniciaros con él si no lo habéis hecho −aunque quizás os abrume su tamaño−.

Jack Nicholson y Steven Weber
como Jack Torrance (1980 vs 1997).

viernes, 4 de diciembre de 2015

En el yugo de la opresión: "Eva Luna", de Isabel Allende




Título: Eva Luna.
Autora: Isabel Allende.
Año: 1988.
Editorial: Plaza & Janés Editores.
Páginas: 286.


Isabel Allende constituye una de las figuras más trascendentales de la literatura latinoamericana actual. Ganadora del Premio Nacional de Literatura de Chile y miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, inició sus andanzas en el terreno de la literatura con La casa de los espíritus, su novela más conocida, influenciada profundamente por el Realismo mágico, corriente a la que se la vinculó mucho en sus primeros años. Allende posee una larga trayectoria y, al igual que me sucedió con King, me demoré en introducirme en su corpus, pero hace poco que lo hice, con Eva Luna, y el resultado fue bastante bueno.

La novela en cuestión me ha gustado, pues ofrece un mosaico completo sobre la situación social de América Latina a lo largo de los años más convulsos del siglo XX, con especial atención al papel de la mujer, poseedora de un buen nivel filosófico y un alto componente de crítica que resultan tremendamente interesantes. 

Allende.
Allende nos cuenta dos historias, casi simultaneas en ocasiones, y que terminarán por converger al final. Se trata de las tramas de Eva Luna por un lado y de Rolf Carlé por el otro. En lo que concierne a Eva Luna, la vemos crecer y pasamos por sus orígenes, relatados en forma homodiegética y, por otra parte, tenemos a Rolf Carlé, hijo menor de Lukas Carlé y de su esposa, fruto de un matrimonio de conveniencia, narrado mediante una voz heterodiegética. Conoceremos las andanzas de cada uno y el rol que desempeñan en medio de una sociedad convulsionada, sometida a distintos cambios, y que ansía, con fuerza, mejorar.

El tema primordial y clave es, sin duda alguna, el del retrato de esa sociedad aludida, probablemente chilena o quizás venezolana −no se especifica muy bien− en una época de transición política muy complicada. A lo largo de la novela se suceden varios regimenes como la dictadura, la instauración de la democracia, la posterior corrupción de esta y las consecuencias que esto aporta para sus ciudadanos. Allende nos ofrece a una serie de personajes clave que serán los que encarnarán los actos y consecuencias del régimen, con especial hincapié en Eva −que se abre camino en un mundo de hombres, saliéndose de sus yugos represivos que la ataban al principio−, Huberto −líder de la guerrilla−, la «Señora» y Mimí −la mujer fuerte y poderosa o la aceptación de ciertos valores en una sociedad bastante atrasada socialmente− y Rolf −el papel del hombre, cuya existencia ha sido, sin duda, más plácida que la de Eva−. La desigualdad entre ambos sexos y como cada uno debe enfrentarse a ello en medio de un marco represivo que viene acompañado de otro tema: el de las relaciones afectivas y la exploración del marco sentimental y sexual que veremos encarnado sobre todo en Eva, pero también en Rolf.

Los personajes son sólidos y muy carismáticos. Hay muchos, pero llegan a conocerse en profundidad, en parte, gracias a sus roles. Existe esa clara división en la que ya he incidido en cuantos a géneros, y resulta interesante comparar, por ejemplo, el crecimiento social de los personajes femeninos como Eva, la «Señora» y Mimí −esta última en especial, aunque no puedo desvelar el motivo−, que contrasta enormemente con Rolf, Huberto, Riad o Aravena, que no pasan por tantas penalidades.


La novela, en definitiva, se alza como un canto de guerra, clamando libertad de expresión, la igualdad de géneros, la lucha incesante contra la opresión, entre muchos otros factores. La prosa, además, es excelente. Allende ofrece narraciones detalladas mediante un rico léxico, sin repeticiones, y una perfilación narrativa digna de admiración. Si os gusta la novela social, y os interesa en especial aquella que posee grandes significados ocultos entre sus páginas, os aconsejo que la leáis. Además, si es vuestra primera vez con Allende, como lo fue para mí, creo que es una novela idónea para empezar, pues es corta y representa, en gran medida, la esencia de la autora.