jueves, 26 de noviembre de 2015

Semiótica de la estética: "Misery" de Stephen King.




Título: Misery.
Autor: Stephen King.
Año: 1987.
Editorial: Orbis-Fabbri (edición antigua. Actualmente publicada por Plaza & Janés).
Páginas: 376.


Como lectores, el estado del mundo literario siempre es una preocupación que nos atañe. A medida que crecemos y vamos leyendo, descubrimos que existen dos tipos de literatura, algo que se remonta desde el siglo XVIII pero que cobró cierta importancia en el XIX, con el auge de la novela. En efecto, estoy hablando de la buena y la mala literatura. De la literatura de calidad y de la folletinesca. Solemos detestar aquellos productos con poca estética, que rozan la simple o que, sencillamente, recurren a un sinfín de tópicos y transmiten un mensaje equivocado, además de contar un puro bodrio. 50 Sombras de Grey es un claro ejemplo, así como lo que escriben «autores» como Moccia. Sin embargo, existen otros polos, donde podemos hallar a personas con talento, con calidad, como King en este caso.

Si existe un autor en este mundo consciente de su rol en el sector editorial, ese es Stephen King. Humilde y autocrítico consigo mismo, es el primero en poner etiquetas a su producción y darles la razón a los críticos que, antaño, lo atacaron. Sin embargo, resulta irónico que los que en un pasado arremetieron contra su persona, despotricando sobre él, lo alaben hoy en día e incluso lo consideren candidato al nobel. Y es que, en efecto, King sabe escribir y, además, muy bien.

Stephen King.


A pesar de que es un autor que inició su trayectoria en la década de los 70, yo me introduje en su universo a principios del año pasado. Me demoré, cierto pero, tras la lectura de La Cúpula, me obsesioné mucho con él y quise profundizar en su narrativa, y bendito el momento en el que lo hice. Como especifiqué en la entrada de retorno, el autor americano se ha convertido en uno de mis favoritos e indispensables.

Misery fue la segunda novela de King que tuve el placer de leer, regalo desinteresado de una amiga a la que le agradezco en demasía el detalle, pues la novela no solo me encantó, sino que me mantiene, aún hoy día, reflexivo con respecto a su contenido y a su envoltura.

Muchos conoceréis la historia de Misery, ya bien sea por la novela en sí, por la famosa adaptación cinematográfica que le hizo ganar a Kathy Bates el Oscar en la categoría de mejor actriz por su interpretación de la antagonista de la obra, Annie Wilkes, o por las canciones compuestas por distintas bandas de música o de parodias-homenaje como la de Padre de familia. Pero, si lo desconocéis, permitidme que os informe brevemente sobre el argumento de la novela sin ningún tipo de spoilers:



Paul y Annie en la película.
El protagonista, Paul Sheldon, es un escritor frustrado/amargado con delirios de grandeza, autor de malos folletines amados por las mujeres, en especial por las amas de casa de clase media, que tienen como protagonista a una bella joven, Misery Chastain, que se debate, a lo largo de la saga −son varias novelas− sobre el amor que siente por sus dos pretendientes, Ian y Geoffrey, enmarcadas en el siglo XIX donde los tres vivirán múltiples aventuras y se verán envueltos en situaciones enigmáticas y culebroneras. Paul es muy consciente de que lo que ha escrito a lo largo de los años es una auténtica porquería y no necesita que la crítica se lo recuerde a pesar de que las constantes insistencias de esta. Paul, como todo aspirante, pasa por un ciclo: lee y aprende, inconsciente, algo de escritura que pone en práctica y mejora con el tiempo. Con cada nueva entrega de Misery se percata de cuáles son los mecanismos internos de toda obra literaria de calidad y decide emplearlos, pero el mundo de sus folletines rosas le impide llevar a cabo el salto a ese tipo de literatura estética y algo elitista. Así, Paul decide poner punto y final a la saga que le ha aportado el dinero suficiente para vivir y se dedica, sin demora, al proyecto que cree que la crítica adorará por su manejo: Automóviles veloces, un retrato de la vida de los barrios conflictivos en el que ha cuidado hasta el más mínimo detalle. No obstante, los planes de Paul para con su obra magna se verán truncados al sufrir un accidente de tráfico al poco de concluir el texto. El siniestro es grave y le destroza varios huesos, entre ellos los de las piernas. Casi perece pero, para su «fortuna», es rescatado por una transeúnte que pasaba por allí: la exenfermera Annie Wilkes, que se declara su fan número uno. Pronto, la «bendición» de Sheldon adquirirá tintes de pesadilla cuando conozca más a fondo la personalidad de su bienhechora y lo que esta tiene planeado para él y para el extenso corpus de Misery, que se verá obligado a retomar por su propio bien.


Portada de una de las novelas
de Misery en la película, con
King como galán.
La premisa de Misery parece sencilla en sí, pero es justo lo contrario: es difícil mantener el 90% de la novela con tan solo dos personajes y un único espacio, pero King lo logra. Misery no es un thriller que nos cuenta un secuestro y la lucha por sobrevivir de un hombre desesperado, no señor. Eso es solo la superficie, el envoltorio. Misery va mucho más allá. La novela se centra en campo de la metaliteratura, pues el lector hallará en ella una reflexión seria y profunda del mundo del libro y del propio King. Paul Sheldon no es más que un reflejo de King, que transmite su madurez como escritor después de veintitrés publicaciones −entre novelas, cuentos y no ficción bajo su nombre o el de Richard Bachman, su pseudonimo−. Tras tantas producciones King ha ido aprendiendo del oficio y ha ido mejorando año tras año, apreciándose una evolución en su escritura, algo que se destaca si se comparan, por ejemplo, Carrie, su primera publicación, o La Larga Marcha, la primera novela que escribió. La sintaxis de King, su léxico y su manejo de las técnicas narrativas han mejorado inconmensurablemente desde las dos −ambas leídas− y es que, como novela que actúa de reflexión, está escrita con delicadeza pero, en especial, con esmero y hermosura. La redacción de Misery es impecable, y Misery es para King lo que Automóviles veloces es para Paul. Es, en el momento de su aparición (1987) su obra más lograda −y considerada unas de las mejores aún hoy−, donde su protagonista reflexiona sobre lo que es ser un escritor bueno y malo, sobre el tipo de lector que el define como «constante», que lee sin parar obras sencillas y poco trabajadas a lo Grey o a lo Blue Jeans, incapaz de valorar el trabajo narrativo, de la crítica o de los buenos textos. Misery contiene una apasionante reflexión que todo lector amante de la buena literatura debería descubrir por sí mismo, pues empatizará con Paul y con King, hallando en ella a dos escritores que saben de lo que hablan y que se encuentran en el camino correcto, en el de los grandes que acabarán por convertirse en maestros de la narrativa que sabrán combinar a la perfección los dos universos: el de contar historias y el de la calidad, estrategia que King demostrará en el nuevo proyecto de Paul: El retorno de Misery, en el que se verá cómo un escritor puede ser bueno y vender mucho a la vez, entrecruzando dos vertientes que, en ocasiones, transcurren de manera dispar pero que el bueno de Steve, así a lo colegueo, consigue unir. De nuevo, le muestro mis más sinceras felicitaciones, señor King. Es usted, como diría Annie, un «jonino» genio. 

Parodia en Padre de Familia con
Stewie y Bryan.

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