lunes, 30 de noviembre de 2015

Tormento y oscuridad: "El Spleen de París", de Baudelaire.




Título: El Spleen de París: Pequeños poemas en prosa.
Autor: Charles-Pierre Baudelaire.
Año de publicación original: 1855.
Año de esta edición: 2008.
Editorial: Libros-Arces Lom.
Páginas: 144.


Baudelaire es uno de los grandes poetas por excelencia de la literatura universal. Su obras más conocida, Le fleurs du mal, rebosa una belleza inmensa y un contenido simbólico abrumador. Baudelaire era un genio y, como muchos tantos de su estirpe, la censura cayó sobre él por la polémica de su producción magna. El poemario sufrió ciertas censuras, prohibiciones y, además, el autor galo se vio obligado a pagar una multa por los «daños morales» ocasionados a partir de su poesía. Estos aspectos le condujeron a modificar su medio de expresión, adoptando la poesía en prosa o, en otras palabras, la prosa poética. Tras el desanimo por lo ocurrido con Las flores del mal, Baudelaire se pasó a este método −a pesar de que algunos de los textos fuesen escritos con anterioridad a Las flores del malcon el que se luce, desarrollando su potencial hasta limites insospechados, explotando la forma de la prosa poética y estableciendo un punto culminante en la modernidad que influenciaría en gran medida en Rimbaud.

El Spleen de París transmite infinitud de sensaciones, a cada cual más melancólica, lúgubre y deprimente que aporta una mirada social decadente a la Francia del siglo XIX.
Baudelaire
Como poemario dispar la obra no contiene un argumento definido, pues cada composición se encarga de recrear una experiencia, ficticia o no, del propio Baudelaire. Con el transcurso de las páginas, el lector se encontrará con un listado de textos en los cuales Baudelaire ofrecerá su pesimista visión sobre la sociedad, destacando la idea de la soledad bajo la pose del dandy, en una mezcla de humor y angustia como se aprecia en Atardecer crepuscular y en La Soledad, resaltando el dolor humano. En otros, de componentes mas sensuales, se aprecia la crítica amorosa y patriarcal del triunfo del hombre sobre la mujer amada en El Reloj, o la división de clases entre afortunados y desdichados en El viejo saltimbanqui, Las Viudas o El juguete del pobre. En El confíteor del artista o en El Tirso Baudelaire nos desvela parte de su mentalidad poética u otras con cierto componente fantástico, pero con alto nivel crítico, en Los dones de las hadas, compitiendo con la confrontación de ensueño vs realidad en poemas como Aureola Perdida.
Baudelaire posee una visión deprimente de la realidad de su tiempo. Es ese poeta atormentado por la censura y condena de su obra más celebre que pretende reflejar sus condiciones literarias, amante de Poe, de quien hereda en parte ese tono jocoso y negro presentes en múltiples narraciones, así de cómo Víctor Hugo, por admiración pero también por obligación, pues parece que su pensamiento no tiene demasiada cabida y debe amoldarse a los monumentos nacionales y estimados de su patria.
El pueblo francés, por su parte, aparece retratado de una forma desdichada y desagradable. Los pobres y desafortunados, los parias de la sociedad, los representantes de La Corte de los Milagros de Víctor Hugo le despiertan a Baudelaire cierta simpatía y  por ellos expresa lástima por el olvido y marginación a la que se encuentran sometidos, a esa pena y ese dolor que se arraiga en sus almas y que Baudelaire, con tanto esmero, pretende reflejar. Pero también hay lugar para el otro sector, para la faceta volteriana que él parece detestar, o un hueco reservado para las mujeres, tanto ficticias como amantes propias que al final le conducirían a la muerte por sífilis. Viejos, artistas, parias, mujeres y niños, interesándole y enterneciéndole estos últimos en especial.  Baudelaire los recorre a todos, uno por a uno o a la vez, esbozando un mosaico que recoge sus más íntimos pensamientos y deseos, en parte cohibidos por la censura, en parte sinceros, como cantos desesperados. Ello no impide que se muestre ese reflejo odioso y putrefacto que experimenta cada vez que sale a la calle, incapaz de contener su rencor, el cual se aprecia al instante. El ser humano en su infinitud es lo primordial en su obra, rozando el mal que tanto le interesa, como una seducción casi enfermiza. El malestar general, la soledad y marginación, el tedio diario, la condición de dandy son la parte integral del poemario.

París en el siglo XIX

El Spleen de París es una obra que merece mucho la pena, eclipsada casi siempre por Las flores del mal, pero realmente fascinante y que supuso una transición monumental que, como ya he indicado, marcó un antes y un después en la literatura francesa y europea. Sin duda, recomiendo ampliamente su lectura.


jueves, 26 de noviembre de 2015

Semiótica de la estética: "Misery" de Stephen King.




Título: Misery.
Autor: Stephen King.
Año: 1987.
Editorial: Orbis-Fabbri (edición antigua. Actualmente publicada por Plaza & Janés).
Páginas: 376.


Como lectores, el estado del mundo literario siempre es una preocupación que nos atañe. A medida que crecemos y vamos leyendo, descubrimos que existen dos tipos de literatura, algo que se remonta desde el siglo XVIII pero que cobró cierta importancia en el XIX, con el auge de la novela. En efecto, estoy hablando de la buena y la mala literatura. De la literatura de calidad y de la folletinesca. Solemos detestar aquellos productos con poca estética, que rozan la simple o que, sencillamente, recurren a un sinfín de tópicos y transmiten un mensaje equivocado, además de contar un puro bodrio. 50 Sombras de Grey es un claro ejemplo, así como lo que escriben «autores» como Moccia. Sin embargo, existen otros polos, donde podemos hallar a personas con talento, con calidad, como King en este caso.

Si existe un autor en este mundo consciente de su rol en el sector editorial, ese es Stephen King. Humilde y autocrítico consigo mismo, es el primero en poner etiquetas a su producción y darles la razón a los críticos que, antaño, lo atacaron. Sin embargo, resulta irónico que los que en un pasado arremetieron contra su persona, despotricando sobre él, lo alaben hoy en día e incluso lo consideren candidato al nobel. Y es que, en efecto, King sabe escribir y, además, muy bien.

Stephen King.


A pesar de que es un autor que inició su trayectoria en la década de los 70, yo me introduje en su universo a principios del año pasado. Me demoré, cierto pero, tras la lectura de La Cúpula, me obsesioné mucho con él y quise profundizar en su narrativa, y bendito el momento en el que lo hice. Como especifiqué en la entrada de retorno, el autor americano se ha convertido en uno de mis favoritos e indispensables.

Misery fue la segunda novela de King que tuve el placer de leer, regalo desinteresado de una amiga a la que le agradezco en demasía el detalle, pues la novela no solo me encantó, sino que me mantiene, aún hoy día, reflexivo con respecto a su contenido y a su envoltura.

Muchos conoceréis la historia de Misery, ya bien sea por la novela en sí, por la famosa adaptación cinematográfica que le hizo ganar a Kathy Bates el Oscar en la categoría de mejor actriz por su interpretación de la antagonista de la obra, Annie Wilkes, o por las canciones compuestas por distintas bandas de música o de parodias-homenaje como la de Padre de familia. Pero, si lo desconocéis, permitidme que os informe brevemente sobre el argumento de la novela sin ningún tipo de spoilers:



Paul y Annie en la película.
El protagonista, Paul Sheldon, es un escritor frustrado/amargado con delirios de grandeza, autor de malos folletines amados por las mujeres, en especial por las amas de casa de clase media, que tienen como protagonista a una bella joven, Misery Chastain, que se debate, a lo largo de la saga −son varias novelas− sobre el amor que siente por sus dos pretendientes, Ian y Geoffrey, enmarcadas en el siglo XIX donde los tres vivirán múltiples aventuras y se verán envueltos en situaciones enigmáticas y culebroneras. Paul es muy consciente de que lo que ha escrito a lo largo de los años es una auténtica porquería y no necesita que la crítica se lo recuerde a pesar de que las constantes insistencias de esta. Paul, como todo aspirante, pasa por un ciclo: lee y aprende, inconsciente, algo de escritura que pone en práctica y mejora con el tiempo. Con cada nueva entrega de Misery se percata de cuáles son los mecanismos internos de toda obra literaria de calidad y decide emplearlos, pero el mundo de sus folletines rosas le impide llevar a cabo el salto a ese tipo de literatura estética y algo elitista. Así, Paul decide poner punto y final a la saga que le ha aportado el dinero suficiente para vivir y se dedica, sin demora, al proyecto que cree que la crítica adorará por su manejo: Automóviles veloces, un retrato de la vida de los barrios conflictivos en el que ha cuidado hasta el más mínimo detalle. No obstante, los planes de Paul para con su obra magna se verán truncados al sufrir un accidente de tráfico al poco de concluir el texto. El siniestro es grave y le destroza varios huesos, entre ellos los de las piernas. Casi perece pero, para su «fortuna», es rescatado por una transeúnte que pasaba por allí: la exenfermera Annie Wilkes, que se declara su fan número uno. Pronto, la «bendición» de Sheldon adquirirá tintes de pesadilla cuando conozca más a fondo la personalidad de su bienhechora y lo que esta tiene planeado para él y para el extenso corpus de Misery, que se verá obligado a retomar por su propio bien.


Portada de una de las novelas
de Misery en la película, con
King como galán.
La premisa de Misery parece sencilla en sí, pero es justo lo contrario: es difícil mantener el 90% de la novela con tan solo dos personajes y un único espacio, pero King lo logra. Misery no es un thriller que nos cuenta un secuestro y la lucha por sobrevivir de un hombre desesperado, no señor. Eso es solo la superficie, el envoltorio. Misery va mucho más allá. La novela se centra en campo de la metaliteratura, pues el lector hallará en ella una reflexión seria y profunda del mundo del libro y del propio King. Paul Sheldon no es más que un reflejo de King, que transmite su madurez como escritor después de veintitrés publicaciones −entre novelas, cuentos y no ficción bajo su nombre o el de Richard Bachman, su pseudonimo−. Tras tantas producciones King ha ido aprendiendo del oficio y ha ido mejorando año tras año, apreciándose una evolución en su escritura, algo que se destaca si se comparan, por ejemplo, Carrie, su primera publicación, o La Larga Marcha, la primera novela que escribió. La sintaxis de King, su léxico y su manejo de las técnicas narrativas han mejorado inconmensurablemente desde las dos −ambas leídas− y es que, como novela que actúa de reflexión, está escrita con delicadeza pero, en especial, con esmero y hermosura. La redacción de Misery es impecable, y Misery es para King lo que Automóviles veloces es para Paul. Es, en el momento de su aparición (1987) su obra más lograda −y considerada unas de las mejores aún hoy−, donde su protagonista reflexiona sobre lo que es ser un escritor bueno y malo, sobre el tipo de lector que el define como «constante», que lee sin parar obras sencillas y poco trabajadas a lo Grey o a lo Blue Jeans, incapaz de valorar el trabajo narrativo, de la crítica o de los buenos textos. Misery contiene una apasionante reflexión que todo lector amante de la buena literatura debería descubrir por sí mismo, pues empatizará con Paul y con King, hallando en ella a dos escritores que saben de lo que hablan y que se encuentran en el camino correcto, en el de los grandes que acabarán por convertirse en maestros de la narrativa que sabrán combinar a la perfección los dos universos: el de contar historias y el de la calidad, estrategia que King demostrará en el nuevo proyecto de Paul: El retorno de Misery, en el que se verá cómo un escritor puede ser bueno y vender mucho a la vez, entrecruzando dos vertientes que, en ocasiones, transcurren de manera dispar pero que el bueno de Steve, así a lo colegueo, consigue unir. De nuevo, le muestro mis más sinceras felicitaciones, señor King. Es usted, como diría Annie, un «jonino» genio. 

Parodia en Padre de Familia con
Stewie y Bryan.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Decadencia y desengaño: "Lobas de mar" de Zoé Valdés.




Título: Lobas de mar.
Autora: Zoé Valdés.
Año: 2003.
Editorial: Planeta.
Páginas: 242.

La popularidad de los premios Planeta y Fernando Lara es innegable. Los sectores literarios y culturales en general los conocen y permanecen al tanto de sus celebraciones y de sus posteriores fallos. Antaño, estos premios llegaron a ganarlos grandes autores como Ana María Matute, Terenci Moix, Luis Racionero, Juan Marsé, Vargas Llosa o Bryce Echenique, entre otros. Fueron buenos años para ambos pero, con posterioridad, algo ocurrió y, desde entonces, todo se vino abajo. A lo largo de los últimos años han ido ganando autores con obras de poca calidad literaria, quedándose otros como finalistas que sí merecían ganar. Juan Marsé ya destapó parte de la «mierda» que los envuelve, alegando que el ganador está pactado de antemano y que se premia a autores que o bien poseen una trayectoria de ventas considerable o bien a otros que la editorial estime que podrían funcionar dentro del mercado. Ese es el caso de la autora que me trae hoy aquí, Zoé Valdés.

Zoé Valdés.

Valdés, de nacionalidad cubana, izquierdista declarada, con la mitad de la carrera de filología cursada y con una estrecha colaboración con revistas cinematográficas y con prensa española, latina y francesa ganó el premio Fernando Lara en el año 2003. Zoé ya tenía un camino labrado y Planeta ya había publicado con anterioridad algunas de sus obras, por lo que ya era bastante conocida. Eso bastó para que ganara, obviamente, puesto que la calidad de la obra es pésima no, lo siguiente. Es una de las peores lecturas que he tenido la desgracia de leer a lo largo de mi vida.

Estos son los casos que me llevan a cuestionar la seriedad de estos premios, considerados los más «importantes» dentro del campo de la literatura a nivel nacional, pasando por encima del «Nacional» y del «Cervantes». Ante ello, no puedo evitar preguntarme por qué La sombra del viento de Zafón no ganó en el año 2001 el Fernando Lara y esta «cosa» que vengo a reseñar hoy lo pudo ganar tan solo dos años después. Con casos como este se demuestra −y confirma− que Planeta se está pudriendo poco a poco. El hecho de que hayan publicado After habla por sí mismo. En fin.

Lobas de mar nos cuenta una historia real: las de dos mujeres piratas del siglo XVIII, Anne Bonny y Mary Read. Ambas son parte importante dentro de la tradición y de la historia americana, pues fueron dos mujeres en un mundo de hombres que sembraron el pánico en las aguas del Caribe. Dos féminas que se travistieron para poder embarcarse y que fueron mejores espadachines que muchos varones. Sin duda, algo notorio. El aprecio que se tiene por ellas puede percibirse en la actualidad, pues existen diversas esculturas de las dos, además de versiones cinematográficas o seriales de televisión, amén de apariciones estelares en videojuegos como Assassin’s Cread. Esto, sin duda, atrajo a Zoé Valdés, que decidió escribir una novela sobre ambas, y en que maldito momento se le ocurrió.


Esbozo de Anne Bonny y Mary Read

Anne Bonny en la
serie Black Mails
La obra está plagada de errores por doquier. Al final de esta, ella expone un listado bibliográfico, como presumiendo de la dedicación empeñada y del estudio realizado. Sin embargo, me parecer increíble que precisamente una mujer latinoamericana cometa los errores que en la novela se aprecian. Para empezar, trata a Santo Domingo y a la Española como dos ubicaciones distintas cuando la primera es la capital de la segunda, o anticipar la existencia de Cienfuegos, para la que aún restaba casi un siglo. Luego destacan los anacronismos como, por ejemplo, la consideración de la Guayaba cuando esta fruta ni siquiera se conocía entonces. Y, en cuanto a los errores lingüísticos y sintácticos, hay mucho que decir. No dispongo del libro en cuestión para poder realizar una serie de citas que lo demuestren −tengo marcadas las páginas en una hoja, pero la novela, que saqué de la biblioteca, no se halla ya en mi disposición, por fortuna−. No obstante, recuerdo el pésimo uso de los signos de puntuación −lo que me lleva a inducir el motivo por el cual debió abandonar la carrera de filología− y una cantidad de cubanismos y de americanismos en general considerable. Si te vas a presentar a un premio literario español, procura emplear una vertiente neutra del idioma, común en ambas zonas, ya que sino esto desentona muchísimo.


Jack Rackman en Black Sails.
Por otra parte, la caracterización de los personajes deja mucho que desear. Las dos figuras femeninas y Jack Rackman son los protagonistas. Al principio, sus caminos transcurren por separado hasta que al final se cruzan y acaban componiendo un trío erótico con connotaciones eróticas heterosexuales y homosexuales. Pero el retrato de Zoé Valdés es pésimo. Puede que los homólogos reales de los personajes actuasen así, pero en la novela queda bastante ridículo. A pesar de la veracidad histórica con respecto al trío principal −Ann, Mary y Jack− y de otros de menor importancia, el retrato ofrecido por la autora provoca risa. Todos ellos son planos, sin ningún tipo de carisma −son exactamente iguales desde el principio hasta el final−, y sus acciones son poco definidas a pesar del trasfondo histórico −no meditan, se mueven por que sí, a veces sin esperar nada−. Incoherentes en sí mismos, realizan acciones poco probables para la época −y para con su biografía− resultando difícil la empatización con los tres y, por ende, con el resto.

En conclusión, Lobas de mar es una novela flojísima repleta de errores historiográficos, geográficos y lingüísticos por doquier con un argumento que roza lo absurdo, aproximándose a un mal folletín decimonónico al que no merece la pena acercarse. Es mejor invertir el tiempo en otras lecturas, pues este esperpento os hará estallar la cabeza.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Ausencias, regresos y listas: 14 lecturas

Muy buenas a todos.

Después de prácticamente tres meses de abandono y desaparición, estoy de vuelta. Quiero pedir disculpas, pues la verdad me ha sido imposible ponerme antes. Varios motivos me retenían y me impedían dedicarle el tiempo necesario a esta página, pero deseo remediar ese mal, regresando y compartiendo con vosotros mis impresiones sobre las lecturas que han ido cayendo en mis manos.

Tengo planificado al milímetro este retorno. Quiero mostraros una lista en la que figuran las lecturas que han desfilado durante estos meses de ausencia y las que circularán hasta finales de año. Son 14, de las cuales me restan aún 4 por leer, pero eso estará solucionado en breves. Mi intención es subir la mitad de estas reseñas antes de la conclusión de este 2015, mientras que el resto las subiría a principios del 2016. Si puedo, intentaré subir más, pero no prometo nada. Sigo bastante atareado, pero pretendo retomar este pequeño rincón. Así, pues, os mostraré, a continuación, el listado anteriormente mencionado:







Como podéis apreciar, hay mucho King. Me he introducido algo tarde en el mundo literario de este autor desde que me inicié con él mediante La Cúpula, la cual sigue siendo a día de hoy, para mí, la mejor que he leído de él (y una de mis novelas favoritas en general, para que negarlo). King se ha convertido en un indispensable junto a otros novelistas como Mark Twain, Galdós, Lloyd Alexander, Zafón o Stiefvater, entre muchos más a destacar, y deseo seguir ampliando mis horizontes con respecto él. Además, también hay otras primeras intrusiones en la obra de autores como Allende, siendo, la verdad, una lectura muy satisfactoria, o el caso de Camus, espectacular con su pieza teatral. Deseo profundizar más en ambos. Otras han sido un puro desastre, como la de Valdés. Otros, como los ya mencionados Galdós y Stiefvater, siguen enamorándome como siempre. Podría seguir, hablando también de los galos Baudelaire y Houllebecq, o de Andrew Smith, pero ya me extenderé en su momento, llegadas sus reseñas.

Pido de nuevo disculpas, pecando de reiterativo. Como dije, la intención es redactar una entrada semanal. Esta no cuenta como una, obviamente, y a lo largo de estos días subiré la primera de todas.

Gracias por estar ahí. ¡Nos leemos pronto!