viernes, 21 de agosto de 2015

Grandeza inmemorial: "Las Argonáuticas", de Apolonio de Rodas.



Título: Las Argonáuticas.
Autor: Apolonio de Rodas.
Año de publicación original: 250-240 a.C
Editorial: Cátedra (2008). También disponible en muchas otras como Gredos (cuya edición es preciosa).
Páginas: 240 (estudio preliminar y notas incluidas).




Entre el 250 a.C y el 240 a.C, Apolonio de Rodas, uno de los autores de la antigüedad clásica del que pocos datos sobre su vida se han conservado, dio a conocer su perfecta obra Las Argonáuticas, uno de los mayores tesoros de la historia de las letras universales.

Medea y Jasón de Waterhouse.
Cuando se trata de literatura grecolatina peco de imparcialidad, pero tengo mis motivos. Considero que los textos de los clásicos griegos y latinos son las mejores producciones de la historia literaria y que jamás nadie ha podido superar su grandeza que, hoy en día, sigue vigente. Mi opinión, por supuesto, tiene sus fundamentos pues, no en vano, estamos hablando de los autores que inauguraron la tradición occidental y crearon todos los géneros: poesía épica (Homero, Virgilio, Apolonio) teatro (Eurípides, Sófocles) lírica (Ovidio, Horacio) narrativa (Heliodoro, Aquiles Tacio) o incluso preceptiva (Aristóteles, Cicerón). No se trata de una minucia, ni mucho menos, sino de los primeros grandes maestros que influyeron en el resto del canon durante generaciones. La prueba de ello la observamos en el Medievo, donde, con la llegada del Cristianismo, se trató de eclipsar y obscurecer las mayores obras de arte de la historia, algo que consiguieron pero, para nuestra fortuna, el nuevo dogma del viejo continente no fue capaz de borrar de la faz de la Tierra las obras de los antiguos. En el Renacimiento se rescataron y volvieron a difundirse, por una parte, en su formato y contenido original y, en otros casos, para garantizar su supervivencia, bajo formas moralizadas, despojándolas parcialmente de su contenido y significado. En las corrientes subsiguientes, véanse el Barroco y el Neoclasicismo (aunque esta en menor medida a pesar de lo que indica su nombre) se siguió respetando y reescribiendo la producción grecoromana y solo hace falta ver los poemas o las obras de teatro de autores como Lope, Calderón, Garcilaso, Quevedo, Cervantes o Góngora, entre otros, para percatarse de la estima que se tenía a esta literatura, pues ya desde hace siglos los literatos eran conscientes de la increíble estética que traían arraigadas consigo las manifestaciones de autores como Ovidio (para mí el mejor de todos y el mayor autor de todo este universo) Homero o Virgilio entre otros. Ese es el caso de la obra en cuestión que hoy me trae aquí: Las Argonáuticas.

Es la tercera vez que las releo y siguen pareciéndome increíblemente perfectas. Nos encontramos ante una de las epopeyas en verso más fascinantes de la historia, empleando una cantidad de recursos propios de una mente maravillosa como la de Apolonio. Tras la recepción de la Ilíada y de la Odisea, ambas de Homero, la literatura ocupó un papel primordial dentro de la sociedad (que tiempos tan idílicos) teniendo la épica una especial relevancia. Precisamente por ello, Apolonio de Rodas quiso aportar su contribución al género y escribió su propio poema épico de 5835 versos aproximadamente (mi edición presenta aparentemente algún error en la numeración y debería contrastarlo con otras para estar seguro) lo que le convierte en un texto de mucha menor extensión al compararlo con obras como Las Metamorfosis, la Eneida o las ya aludidas de Homero. Sin embargo, no por ello se trata de una composición menor, ni mucho menos. Si Homero nos ofrecía el ciclo de la Guerra de Troya desde la perspectiva de Aquiles en la Ilíada y contaba el regreso a su patria de Ulises, uno de los héroes de dicho conflicto bélico, en la Odisea, Apolonio decide contar otro ciclo mítico con unas raíces que se remontan a tiempos anteriores a los acontecimientos desencadenados por Paris y Helena. En este caso, se trata de las hazañas protagonizadas por Jasón, uno de los héroes más populares del panteón griego.
Presunto retrato de Apolonio.


La obra se estructura en cuatro Cantos, presentando en cada uno de ellos los distintos sucesos que conforman la saga del héroe procedente de Yolco. En el Canto Primero se nos muestra los orígenes de Jasón y los motivos que impulsan su expedición en busca del Vellón de Oro junto a los Argonautas, grupo conformado por grandes héroes de la antigüedad como Orfeo, Hércules, Meleagro, Argos, Castor y Pollux, entre otros. El primer canto sirve de presentación y si uno no está familiarizado con la tradición mítica lo que aquí se cuenta puede resultar confuso, por lo que recomendaría una lectura de Las Metamorfosis de Ovidio primero (evitando, no obstante, las partes en las que el poeta latino habla de Jasón, Medea y compañía, pues supondrían spoilers para aquellos deseosos de saber qué ocurre en este periplo). Este Canto y el segundo cuentan el viaje por el mar y los sucesos que en él tienen lugar, cada uno más singular y dificultoso que el anterior hasta que, al final, alcanzan las costas de su destino en el Canto Tercero, donde entrará en escena Medea, la otra gran protagonista de este ciclo. Sin duda los Cantos Tercero y Cuarto presentan un atractivo mayor por todo el asunto de las intrigas palaciegas, el amor entre Jasón y Medea, las hechicerías de esta, las alianzas de las diosas que favorecen al héroe (Hera, Atenea y Afrodita, aquí llamada Cipris por su nacimiento en la isla de Chipre) y todas las gestas como el enfrentamiento contra los toros broncíneos, el dragón custodio del vellón, el viaje de retorno a casa, entre otros muchos aspectos que prefiero no aclarar y mencionar para no contar demasiado.

Jasón y Medea de Moreau.
Las Argonátucias forman parte del canon clásico, obteniendo una posición bastante privilegiada y su lectura resulta obligatoria para todos aquellos que amen o bien la mitología o bien los textos excelentemente construidos o ambas cosas. Además, se trata una correcta elección para iniciarse dentro de este universo debido a que, como ya he mencionado, es bastante más breve que las monumentales y espléndidas creaciones de Ovidio, Homero y Virgilio. Si deseáis conocer en profundidad una de las historias que más obras de arte (solo hace falta buscar en Google “Jasón y Medea” para apreciar la cantidad de esculturas y de lienzos que han protagonizado) literarias (autores como Lope y Calderón escribieron obras teatrales inspiradas en el tema, así como otros griegos y romanos, destacando a Eurípides o Séneca) o cinematográficas (existen varias versiones) han creado, esta es vuestra elección. No perdáis la oportunidad de leer a los autores que inauguraron el sistema literario que nos ha llegado a nuestros días (sufriendo, obviamente, notables cambios a lo largo de los siglos) pues no os arrepentiréis.


Como curiosidad, para terminar, mencionar que existe una versión alterna de otro autor desconocido, tituladas Argonátucias Orfícas, que cuentan la misma historia pero desde la perspectiva de Orfeo, el semidiós hijo de Apolo, y con una extensión bastante menor, pero que resulta un complemento interesante para la obra de Apolonio.

Película de 1963.




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