domingo, 30 de agosto de 2015

Burlando a Morfeo: "Los saqueadores de sueños (The Raven Boys II)", de Maggie Stiefvater

                                       
     

     Título: The Raven Boys: Los saqueadores de sueños.
Autora: Maggie Stiefvater.
Año: 2014 (2013 el original).
Editorial: SM.
Páginas: 496.



Cuando reseñé la primera parte de The Raven Boys especifiqué claramente lo mucho que me impactó y la profunda huella que dejó en mí ese volumen inicial de la saga. El segundo salió unos siete u ocho meses después y lo compré a la que pude y, como ya hice con su antecesor, también lo volví a releer, aunque una vez menos por falta de tiempo, algo que lamento profundamente pero que remediaré en breves, pues, en poco menos de un mes llega a nuestras librerías, al fin, tras más de un año de espera, la tercera y penúltima parte de la tetralogía. No puedo esperar a que llegue así que, de mientras, y para ir amortizando los días restantes, os ofrezco la reseña del segundo tomo, Los saqueadores de sueños.
Maggie

La novela se inicia poco después de lo acontecido en La profecía del cuervo, aclarando casi al instante aquellos enigmas extraños y sorprendentes que aparecieron en las páginas finales de este. Aquí, conoceremos mucho mejor a Ronan, de cuyo pasado apenas se sabía nada. Ronan es poseedor de una extraña habilidad que le permite extraer cualquier cosa del mundo onírico para exportarlo al nuestro, el real, tal y como insinúa justo al final de La profecía del cuervo. Sus dos hermanos también ganaran mucha importancia, sobre todo Matthew, el pequeño que es introducido en esta parte, así como mucha más información sobre sus progenitores. Toda la trama relacionada con la familia de Ronan es oscura, lúgubre y macabra, rozando el Romanticismo más tenebroso de los decimonónicos. Además, Ronan oculta otros secretos de los que se ofrecen ciertas pistas en la concusión de la novela, algo que espero ver en mayor desarrollo en El tercer durmiente (cuyo título original es Blue, Lily, Lily, Blue) y que, por las opiniones anglosajonas que he leído, sin spoilers, parece ser cierto. Otro punto más a favor.

Ilustración de Kyo31 en deviantart.
El resto de personajes no desaparece, ni mucho menos, siguen tenido una importancia grandísima, sobre todo el trío de Adam-Blue-Gansey. El romance sigue sin ser algo que destaque a pesar de tener más momentos que en el libro anterior y, al parecer, la ambigüedad que recaía sobre la decisión de Blue en el primer libro (pues parecía que ambos chicos adquirían las mismas posibilidades) se descubre, al final, por quien siente algo la muchacha. El transfondo de Blue será más explorado, llegando a conocerla mejor y su madre y el resto de mujeres que viven con ella también tendrán un papel destacado, en especial Persephone, que será de gran utilidad para Adam. Con respecto a este último, sigue siendo mi favorito. La decisión que tomó en La profecía del cuervo le está pasando facturas y su constante tendencia a ignorar las consecuencias y el precio que tuvo que pagar le están atormentado, afectando gravemente a su temperamento y a su visión. Se vuelve más reservado y hostil, lo que ha despertado cierta antipatía entre el público lector, pero yo sigo manteniendo mi opinión con respecto a él, y es que la gente no le entiende. Me identifico mucho con Adam en ciertos aspectos y por eso me encanta. Creo que es un personaje sumamente complejo y que necesita urgentemente una muestra de cariño para que el dolor de su alma deje de atormentarle. Noah, por su parte, adquiere una actitud más definida. En el anterior me pareció extraño, aunque creo que el hecho de que tanto Blue como Gansey le ayudaran «resolviendo» su «problema» ha logrado que este tenga un compartimiento más «vivaracho» −ya me entendéis−. Sus escenas con Ronan, la verdad, me hicieron reír muchísimo y me sacaron más de una sonrisa. Me gusta mucho más aquí, sin duda.

Ronan y Kavinsy por Judilda (deviantart)
Nuevos personajes entran en escena, destacando al señor Gris, de quien no sabes si fiarte o no, pero que cae simpático, sobre todo por las conexiones que establece con ciertas personas. Tras él existe una trama confusa de la que probablemente sepamos más en El tercer durmiente, y esto será interesante. Otro que sobresale es Kavinsky, claro antagonista de Ronan. Ambos mantiene una relación de amistad-odio muy tensa, en especial por que se parecen más de lo que a Ronan le gustaría admitir y eso supone un problema, pues despierta en él un claro vandalismo que no es aprobado por sus seres queridos, lo que le causará cierto dolor, pues él no quiere ser para nada como Kavinsky, solo que, a veces, no puede evitarlo. Aquí me cae mucho mejor.

Maggie prosigue con su estilo y en esta ocasión avanza bastante en el argumento, aunque lo más interesante siguen siendo sus personajes: Adam, Blue, Gansey, Ronan, Noah, Maura, Gris, Persephone, Cala, Matthew, Declan, todos tienen un transfondo definido que los caracteriza, pues cada uno posee sus dudas, sus pensamientos y sus deseos, lo que les convierte en una piña cuyos lazos se fortalecen día tras días hasta formar, entre todos, una excelente familia. Maggie ha tratado de ofrecernos, con éxito, un mosaico detallado que destila cariño por doquier. Si los quisiste en el primer volumen, en este los querrás todavía más, pues se exploraran sus horizontes y descubrirás cosas nuevas sobre ellos. Verles interactuar siempre es fantástico: la amistad de Blue con los chicos cuervo y viceversa o entre ellos mismos, el núcleo familiar de Ronan y el de la propia Blue. Todos protagonizaran momentos cómicos y dramáticos, triste y alegres, reflexivos y banales, son puramente humanos, creíbles al cien por cien. Ahí reside el encanto de esta tetralogía, cuyo corazón no son Cabeswatter, los espíritus, las líneas ley o Glendower, sino ellos mismos.

Si disfrutasteis de La profecía del cuervo, no podéis perderos Los saqueadores de sueños, pues os atrapará hasta el final: descubriréis muchísima información nueva, conoceréis mejor los chicos del cuervo y a sus afines, podréis seguir deleitándoos con la excelente prosa de Maggie y, sobre todo, gozareis de un final de infarto que os hará si, como yo, lleváis esperando el tercer título por más de un año, maldecir a la editorial por retrasarse tanto en su publicación, fijada ya para el 27/09/15. No veo el momento de volver a reunirme con Adam y compañía.

Ilustración de Maggie.





viernes, 21 de agosto de 2015

Grandeza inmemorial: "Las Argonáuticas", de Apolonio de Rodas.



Título: Las Argonáuticas.
Autor: Apolonio de Rodas.
Año de publicación original: 250-240 a.C
Editorial: Cátedra (2008). También disponible en muchas otras como Gredos (cuya edición es preciosa).
Páginas: 240 (estudio preliminar y notas incluidas).




Entre el 250 a.C y el 240 a.C, Apolonio de Rodas, uno de los autores de la antigüedad clásica del que pocos datos sobre su vida se han conservado, dio a conocer su perfecta obra Las Argonáuticas, uno de los mayores tesoros de la historia de las letras universales.

Medea y Jasón de Waterhouse.
Cuando se trata de literatura grecolatina peco de imparcialidad, pero tengo mis motivos. Considero que los textos de los clásicos griegos y latinos son las mejores producciones de la historia literaria y que jamás nadie ha podido superar su grandeza que, hoy en día, sigue vigente. Mi opinión, por supuesto, tiene sus fundamentos pues, no en vano, estamos hablando de los autores que inauguraron la tradición occidental y crearon todos los géneros: poesía épica (Homero, Virgilio, Apolonio) teatro (Eurípides, Sófocles) lírica (Ovidio, Horacio) narrativa (Heliodoro, Aquiles Tacio) o incluso preceptiva (Aristóteles, Cicerón). No se trata de una minucia, ni mucho menos, sino de los primeros grandes maestros que influyeron en el resto del canon durante generaciones. La prueba de ello la observamos en el Medievo, donde, con la llegada del Cristianismo, se trató de eclipsar y obscurecer las mayores obras de arte de la historia, algo que consiguieron pero, para nuestra fortuna, el nuevo dogma del viejo continente no fue capaz de borrar de la faz de la Tierra las obras de los antiguos. En el Renacimiento se rescataron y volvieron a difundirse, por una parte, en su formato y contenido original y, en otros casos, para garantizar su supervivencia, bajo formas moralizadas, despojándolas parcialmente de su contenido y significado. En las corrientes subsiguientes, véanse el Barroco y el Neoclasicismo (aunque esta en menor medida a pesar de lo que indica su nombre) se siguió respetando y reescribiendo la producción grecoromana y solo hace falta ver los poemas o las obras de teatro de autores como Lope, Calderón, Garcilaso, Quevedo, Cervantes o Góngora, entre otros, para percatarse de la estima que se tenía a esta literatura, pues ya desde hace siglos los literatos eran conscientes de la increíble estética que traían arraigadas consigo las manifestaciones de autores como Ovidio (para mí el mejor de todos y el mayor autor de todo este universo) Homero o Virgilio entre otros. Ese es el caso de la obra en cuestión que hoy me trae aquí: Las Argonáuticas.

Es la tercera vez que las releo y siguen pareciéndome increíblemente perfectas. Nos encontramos ante una de las epopeyas en verso más fascinantes de la historia, empleando una cantidad de recursos propios de una mente maravillosa como la de Apolonio. Tras la recepción de la Ilíada y de la Odisea, ambas de Homero, la literatura ocupó un papel primordial dentro de la sociedad (que tiempos tan idílicos) teniendo la épica una especial relevancia. Precisamente por ello, Apolonio de Rodas quiso aportar su contribución al género y escribió su propio poema épico de 5835 versos aproximadamente (mi edición presenta aparentemente algún error en la numeración y debería contrastarlo con otras para estar seguro) lo que le convierte en un texto de mucha menor extensión al compararlo con obras como Las Metamorfosis, la Eneida o las ya aludidas de Homero. Sin embargo, no por ello se trata de una composición menor, ni mucho menos. Si Homero nos ofrecía el ciclo de la Guerra de Troya desde la perspectiva de Aquiles en la Ilíada y contaba el regreso a su patria de Ulises, uno de los héroes de dicho conflicto bélico, en la Odisea, Apolonio decide contar otro ciclo mítico con unas raíces que se remontan a tiempos anteriores a los acontecimientos desencadenados por Paris y Helena. En este caso, se trata de las hazañas protagonizadas por Jasón, uno de los héroes más populares del panteón griego.
Presunto retrato de Apolonio.


La obra se estructura en cuatro Cantos, presentando en cada uno de ellos los distintos sucesos que conforman la saga del héroe procedente de Yolco. En el Canto Primero se nos muestra los orígenes de Jasón y los motivos que impulsan su expedición en busca del Vellón de Oro junto a los Argonautas, grupo conformado por grandes héroes de la antigüedad como Orfeo, Hércules, Meleagro, Argos, Castor y Pollux, entre otros. El primer canto sirve de presentación y si uno no está familiarizado con la tradición mítica lo que aquí se cuenta puede resultar confuso, por lo que recomendaría una lectura de Las Metamorfosis de Ovidio primero (evitando, no obstante, las partes en las que el poeta latino habla de Jasón, Medea y compañía, pues supondrían spoilers para aquellos deseosos de saber qué ocurre en este periplo). Este Canto y el segundo cuentan el viaje por el mar y los sucesos que en él tienen lugar, cada uno más singular y dificultoso que el anterior hasta que, al final, alcanzan las costas de su destino en el Canto Tercero, donde entrará en escena Medea, la otra gran protagonista de este ciclo. Sin duda los Cantos Tercero y Cuarto presentan un atractivo mayor por todo el asunto de las intrigas palaciegas, el amor entre Jasón y Medea, las hechicerías de esta, las alianzas de las diosas que favorecen al héroe (Hera, Atenea y Afrodita, aquí llamada Cipris por su nacimiento en la isla de Chipre) y todas las gestas como el enfrentamiento contra los toros broncíneos, el dragón custodio del vellón, el viaje de retorno a casa, entre otros muchos aspectos que prefiero no aclarar y mencionar para no contar demasiado.

Jasón y Medea de Moreau.
Las Argonátucias forman parte del canon clásico, obteniendo una posición bastante privilegiada y su lectura resulta obligatoria para todos aquellos que amen o bien la mitología o bien los textos excelentemente construidos o ambas cosas. Además, se trata una correcta elección para iniciarse dentro de este universo debido a que, como ya he mencionado, es bastante más breve que las monumentales y espléndidas creaciones de Ovidio, Homero y Virgilio. Si deseáis conocer en profundidad una de las historias que más obras de arte (solo hace falta buscar en Google “Jasón y Medea” para apreciar la cantidad de esculturas y de lienzos que han protagonizado) literarias (autores como Lope y Calderón escribieron obras teatrales inspiradas en el tema, así como otros griegos y romanos, destacando a Eurípides o Séneca) o cinematográficas (existen varias versiones) han creado, esta es vuestra elección. No perdáis la oportunidad de leer a los autores que inauguraron el sistema literario que nos ha llegado a nuestros días (sufriendo, obviamente, notables cambios a lo largo de los siglos) pues no os arrepentiréis.


Como curiosidad, para terminar, mencionar que existe una versión alterna de otro autor desconocido, tituladas Argonátucias Orfícas, que cuentan la misma historia pero desde la perspectiva de Orfeo, el semidiós hijo de Apolo, y con una extensión bastante menor, pero que resulta un complemento interesante para la obra de Apolonio.

Película de 1963.




sábado, 8 de agosto de 2015

La familia que uno escoge: "The Raven Boys: la profecía del cuervo", de Maggie Stiefvater.

     




    Título: The Raven Boys: La profecía del cuervo.
Autora: Maggie Stiefvater.
Año: 2013 (2012 el original).
Editorial: SM.
Páginas: 424.


The Raven Boys supuso todo un descubrimiento para mí. La novela salió hace un par de años, por octubre de 2013, en las fechas exactas de mi cumpleaños. Quizá un mes antes de su publicación conocí su existencia gracias a un catálogo que informaba sobre las novedades editoriales y, cuando vi esta, no sé por qué, algo hizo click dentro de mí. Había algo en este libro que me atrajo hacía él por lo que, obviamente, lo compré a la que puede. ¿Resultado? Me enamoré por completo. Amo con locura esta novela que ya he releído tres veces y amo a su autora, Maggie. El día en el que acudí a la firma de libros que organizó la editorial SM, poco después de que terminase mi primera lectura, fue uno de los más felices de mi vida. Me marché de la Casa del Libro con mi ejemplar firmado con una bonita dedicatoria, con una foto con Maggie y con una amplia sonrisa tras haber escuchado una conferencia que ella nos hizo. Fue genial, espectacular. Sencillamente, no tengo palabras.
Maggie.

The Raven Boys es una novela muy especial que para mí tiene un amplio significado. La historia, al principio, puede echar para atrás a más de uno, pues la premisa no es muy alentadora: una chica que está destinada a matar a su amor verdadero si le besa, pero nada de eso. El romance es un elemento bastante secundario que apenas tiene protagonismo (por ahora), la autora no se dedica a ofrecernos cursiladas estereotipadas, nada de eso. La originalidad de este primer volumen de la saga es abrumadora.

Fanart de Azeher (Deviantart).
La historia se inicia con Blue Sargent, una muchacha residente de un pueblo muy peculiar llamado Henrietta, en Virginia, y que desciende de una familia de videntes con poderes especiales aunque, muy a su pesar, ella no posee ninguna habilidad parasicológica como el resto de mujeres de la casa (pues sí, en su hogar solo habitan mujeres). La única capacidad especial que posee es la de amplificar las de los demás. Por eso, suele acompañar siempre a sus familiares o amigas de su madre al cementerio apartado en la Noche de San Marcos, noche en la que los difuntos se aparecen y los espíritus de los que están próximos a fallecer en poco más de un año, también. Pero en esa velada Blue experimenta algo insólito: es capaz de ver a un espíritu, cuando nunca lo había logrado. La ilusión que ve pertenece a Richard Dick Gansey III, Gansey para los amigos, un muchacho extremadamente rico y amable que acude a la Academia Aglionby, institución elitista que acoge a los futuros dirigentes del país y cuyo emblema es el cuervo. Blue, atormentada por la idea de que alguien de su misma edad tenga que morir en breves verá cómo, de forma inintencionada, sus caminos se cruzaran y de mala manera, pues, al inicio, parece que ella no le tolera demasiado bien. Poco a poco, Blue se integrará en el grupo de Gansey, formado por Ronan Lynch, amigo de la infancia de este y que se nos presenta como un rebelde sin causa que parece no importarle nada pero que esconde un corazón afable; Noah, un chico silencioso y poco interactivo y, por último, Adam Parrish, mi favorito por excelencia. Adam es el único de los tres que no tiene dinero, al contrario, es increíblemente pobre, pero obtuvo una beca para estudiar en Aglionby y trabaja en varios sitios para poder obtener dinero con el que financiarse todos los estudios y para, además, poder abandonar su hogar paterno, un sito horrible que lo está torturando de forma inimaginable. Todos juntos emprenderán la búsqueda e investigación del rey cuervo Glendower, que tiene a Gansey obsesionado. Según la leyenda, quien logré hallar al rey durmiente (pues está, cual princesa Aurora, oculto en algún lugar y sumido en un sueño aparentemente inmortal) conseguirá obtener su favor y podrá solicitarle cualquier cosa. Cualquier deseo, y este lo concederá. Sea el que sea.

Maggie nos presenta una historia repleta de elementos esotéricos, místicos y de toques folclóricos galeses. La magia, el poder de las cartas, los elementos simbólicos como el cuervo, las líneas ley, unas conexiones invisibles que unen distintos lugares del planeta dotados de cierta esencia sobrenatural, que, si logran despertarlas y hallarlas, les conducirán hasta su más codiciada ambición pues, todos tienen algo que pedirle a Glendower. Todos.

El ambiente de Maggie es bastante original y trabajado, la autora se ha informado mucho sobre el mundo del esoterismo y de otros aspectos que en la novela están reflejados de una manera muy cuidada. No obstante, a pesar de lo interesante que resulta el misterio planteado, lo más importante de esta historia no son las leyendas, la magia o el mundo de los muertos, no señor. Lo más importante aquí es la amistad y la idea de la familia que uno escoge.

Fanart extraído del Tumblr de youngadult.
Los cinco protagonistas están muy bien perfilados, cada uno tiene una personalidad que lo define y un pasado detrás que sirve para entender por qué son como son en la actualidad. Sus lazos están muy bien establecidos, sus diálogos, sus gestos, todo transmite ese afecto conmovedor que, a pesar de los conflictos, se respira en el ambiente. Gansey se preocupa por todos y trata de hacer lo mejor para ellos aunque a veces no tenga en cuenta los sentimientos de los demás ante sus reacciones o intentos de ayuda (véanse los casos de Adam y Blue). Su amistad con Adam por una parte y la de Ronan por otra, me encantan, son absolutamente preciosas. Los quiere como a sus propios hermanos, para él ellos dos y Noah son su familia, núcleo que, con la llegada de Blue, se acrecentará. Blue pondrá su vida patas arriba, pues existirán ciertas tensiones amorosas entorno a su persona, pero ella se integrará maravillosamente con todos ellos menos con Ronan, a quien no le importa demasiado su presencia. La relación de Adam y Blue me parece hermosa y adorable, me sacaron más de una sonrisa. Adam es el personaje al que más cariño le tengo y aunque a algunas personas les disguste ciertos aspectos de su personalidad (en especial en los libres venideros) a mí me parece un personaje entrañable, sobre todo por que me identifico con él en muchos aspectos (obviando, claro, el suceso tan desagradable que experimenta y que los que lo habéis leído ya conoceréis). Para mí es el mejor de todos y hay que tratar de entenderlo, pues su vida no ha sido nada sencilla.

El resto del elenco también es destacable a pesar de su rol más secundario: el hogar de Blue es sumamente divertido. Maura, su madre, vive junto a Cala, Persephone y Orla, cada una con sus habilidades especiales y con caracteres dispares que te sacan más de una sonrisa. Sus momentos son muy disfrutables.


En definitiva, recomiendo la lectura de The Raven Boys a todo el mundo, pues transmite un valor y un ideal precioso que nos demuestra que la sangre no siempre lo es todo y que, cuando encontramos a personas maravillosas que realmente queremos a nuestro lado, debemos luchar por ellas sin importar lo que pase. Esa es la lección que se refleja en las páginas del primer tomo, que se dedica exclusivamente a presentar a sus personajes y a mostrar sus lazos y a fortificarlos para proseguir con todos sus misterios en los volúmenes posteriores. En breves, colgaré la reseña de la segunda parte, Los saqueadores de sueños que es igual de maravilloso y precioso que este volumen y, en septiembre, cuando salga el tercero, que llevo esperándolo desde hace ya un año y dos meses (y con una portada bellísima), lo devoraré enseguida y, a la que pueda, os contaré qué me ha parecido, pero estoy seguro de que me encantará como los otros dos. La saga de The Raven Boys ha significado y sigue significando mucho para mí. Está, sin duda, entre mis libros favoritos. 

Mi firma :D

lunes, 3 de agosto de 2015

En la inexistente riqueza y en la absoluta pobreza: "Misericordia", De Galdós.


Título: Misericordia.
Autor: Benito Pérez Galdós.
Año de publicación original: 1897.
Editorial: Cátedra, reedición de 2004. También disponible en Vicens Vives, Alianza, Alfaguara, Akal, Laberinto, Anaya, etc −recomiendo Cátedra y Vicens Vives.−
Páginas: 324.




Misericordia constituye uno de los mayores logros dentro de la novelística galdosiana. La obra, la penúltima de la serie de Novelas españolas contemporáneas que se abrió con La desheredada (1881) y que concluyó con El abuelo (1897) vio la luz en el mismo año que esta −aunque se publicó antes− en unas fechas muy importantes para el autor debido a su ingreso en la Real Academia Española de la lengua y de su implicación activa en el terreno de la política tras el asesinato de Cánovas del Castillo, principal instigador del sistema de la Restauración borbónica y dirigente del partido conservador, con cuya muerte empezó a zozobrar dicho régimen.
Galdós.
La novela, protagonizada por la dulce y mártir Benina, desprende como principal argumento el tema del ideal cristiano que encarna la caridad misericordiosa desinteresada, idea que ya trabajó en Marianela (1878) y que posteriormente perfeccionaría en Nazarín (1895) y Halma (1895) para acabar culminando en Misericordia mediante la figura de Nina, personificación de dicho sentimiento caritativo. Si bien es cierto que el tema anteriormente aludido es el principal dentro de la obra, esta destaca por ser, sobre todo, un estudio sociológico de las clases más miserables de la Restauración española, y es que no hay que olvidar que el Madrid de finales de siglo fue la ciudad con el mayor índice de mortandad de la Europa decimonónica. Este mismo aspecto fue reconocido de forma oficial por el autor en el prólogo que escribió expresamente para la edición francesa de 1913, en la cual declaró lo siguiente:

«En Misericordia me propuse descender a las capas ínfimas de la sociedad matritense, describiendo y presentando los tipos más humildes, la suma pobreza, la mendicidad profesional, la vagancia viciosa, la miseria, dolorosa casi siempre, en algunos casos picaresca o criminal... Para esto hube de emplear largos meses en observaciones y estudios directos del natural, visitando las guaridas de gente mísera o maleante que se alberga en los populosos barrios del sur de Madrid. Acompañado de policías escudriñé las "casas de dormir" de las calles de Mediodía Grande y del Bastero, y para penetrar en las repugnantes viviendas donde celebran sus ritos nauseabundos los más rebajados prosélitos de Baco y Venus, tuve que disfrazarme de médico de la Higiene municipal. No me bastaba esto para observar los espectáculos más tristes de la degradación humana, y solicitando la amistad de algunos administradores de las casas que aquí llamamos "de corredor", donde hacinadas viven las familias del proletariado ínfimo, pude ver de cerca la pobreza honrada y los más desolados episodios del dolor y la abnegación en las capitales populosas...»

Como autor realista, Galdós pretendió reflejar con exactitud todos los detalles de esa clase protagonista, hecho que puede observarse no solo ya en su modo de vida, en los lugares que habitan o, incluso, en su propia jerarquía, sino que, como ya viene siendo costumbre en su novelística, Galdós imita la forma de hablar de esta capa social.
Nina y Ponte en la adaptación cinematográfica.
Así pues, los protagonistas principales de Misericordia serán estos mendigos, entre los que destacaran el ciego Almuedena −nombre peculiar, aunque el verdadero sea Mordejai− y la protagonista, Benina, criada y fiel servidora de doña Paca y su familia, miembros del otro extracto social predominante de la novela: la burguesía venida a menos. A su lado, aunque en menor medida, cabe destacar las otras dos clases existentes de la sociedad española del momento, a saber, la clase alta y acomodada, donde se encontraría don Carlos, o esa clase media-baja encabezada por Juliana y por un enderezado Antoñito, el hijo mayor de doña Paca. La crisis de fin de siglo fue un período intenso dentro de la historia de España, crisis que afectó principalmente a los burgueses y a los estratos religiosos de la sociedad. Efectivamente, y tras la ley de desamortización aplicada por Mendizábal, el antiguo Madrid sufrió una repentina metamorfosis no solo ya en su estructura, sino en su geografía, algo de lo que el propio Galdos se valdrá para establecer esa conexión de personajes y espacios.
Misericordia es, sin duda alguna, un excelente mosaico social en el que el lector es testigo de cómo los habitantes del Madrid decimonónico se van ahogando, lentamente, en un mar de miseria y penuria. Galdós demuestra con esta novela que es, sin duda, no solo ya el verdadero icono del Realismo y el Naturalismo español, sino que, además, puede presumir, y con orgullo, de ser uno de los mayores novelistas que ha dado este país, alzándose como un verdadero hito difícil y prácticamente imposible de superar en cuanto a referente −es uno de mis dioses literarios−.

Como pequeño detalle, y ya para concluir, me gustaría mostraros con una enorme satisfacción unas fotos que yo mismo he realizado sobre la versión anteriormente aludida, la de 1913, en la cual Galdós escribió aquel prólogo en el que argumentaba y exponía con erudición los motivos que le impulsaron a escribir semejante obra de arte. La conseguí por un precio básicamente risible −el vendedor no era consciente de lo que tenía entre las manos−, teniendo en cuenta el gran valor que se le atribuye a esta edición −aunque obviamente no sea la primera− pero poseerla me provoca una gratificante felicidad pues, no en vano, esta edición −de la que ya hace 102 años− es una de mis posesiones más preciadas y sería uno de los primeros volúmenes que rescataría de mis estanterías en caso de incendio, sin duda. En definitiva, si eres amante de la novela decimonónica y en especial de Galdós, no puedes dejar escapar una de sus últimas y más perfectas producciones:

Portada.
Lámina a color que ilustra a Nina y a Doña Paca (se supone.)

Firma del autor al final del prólogo de la edición.