lunes, 13 de abril de 2015

¿Fantasmas, nazis o tu cara me suena?: Entre los muros de Crickley Hall, de James Herbert.

Título: Entre los muros de Crickley Hall.
Autor: James Herbert.
Año: 2006 (original) y 2012 (España).
Editorial: PLAZA & JANÉS.
Páginas: 608.


Para todos aquellos que me rodean no es ningún secreto que siento una gran debilidad y entusiasmo por el género de terror. Me encanta, disfruto mucho con las películas, series y novelas del género, aunque si bien siempre he creído que el terror suele funcionar mucho mejor en los medios audiovisuales −pues en un texto suele convertirse en algo más misterioso que produce ciertas tensiones− y es por ello que he devorado producciones tenebrosas en todos sus formatos. Ello me ha llevado a saber distinguir una producción de terror de verdad de otra que lleva la etiqueta y que realmente no tiene nada o de las realmente buenas de las pasables a las malas. Es por ello que hoy voy a hablar de una novela de James Herbert, considerado el maestro del terror de Inglaterra, tratando de convertirse en lo que es actualmente King en América o lo que fueron Poe y Lovecraft en el pasado −o mejor dicho lo intentó, pues nos dejó hace un par de años−. La pregunta es… ¿Lo ha conseguido? No puedo ofrecer una respuesta a ello, pues esta es, hasta la fecha, la única novela que he leído de él, pero sin duda tengo intención de leer más de su corpus literario. Pero, eso sí, a pesar de que Entre los muros de Crickley Hall me gustó mucho y me hizo disfrutar de su lectura, hay que reconocer que la creación de Herbert no es un novelón, pues su esqueleto se vértebra sobre varios de los tópicos más comunes de una de las vertientes del género −en este caso el de las casas encantadas− muy típicos en especial de cine de sobremesa de serie B que vemos en televisión los sábados o domingos a las 16:00 de la tarde. Pero en fin, pongámonos en situación. ¿De que va Entre los muros de Crickley Hall?

Crickley Hall en la adaptación de la BBC.


Eve y Gabe según la miniserie.
La familia Caleig está devastada por un trágico suceso: el hijo más pequeño de Eve y Gabe desapareció hace ya un año. Eve lo llevó un día al parque tras una dura jornada laboral, por lo que, mientras su pequeño juega, ella decide relajarse un poco hasta que se duerme. Solo estuvo dormida unos diez minutos como máximo, pero eso dio el tiempo suficiente para que el pequeño Cam desapareciera del parque. Fuese secuestrado o no, el hecho es que Eve se siente incapaz de perdonarse a sí misma y durante un año entero ha movilizado los cuerpos de policía y los medios de comunicación para que encuentren a su hijo, pero nada surte efecto. En vista de tan penosos resultados, Gabe, que ya ha perdido la esperanza de que su hijo aparezca con vida −al contrario que su mujer− decide que lo mejor será trasladarse con su familia para pasar el aniversario de la perdida
de su hijo lejos de la ciudad aprovechando una oferta de trabajo en la pequeña localidad costera de Hollow Bay. Gabe y Eve junto a su perro y sus dos hijas, la prepúber Loren y la pequeña y tierna Cally se marchan hacía su nuevo hábitat, un antiguo caserón de tintes victorianos llamado Crickley Hall que esconde un oscuro y siniestro secreto tras sus muros, algo que muy pronto empezarán a comprender algunos de los miembros de los Caleig, pues es posible que ellos no sean los únicos habitantes de Crickley Hall…

James Herbert.
Ese es, a rasgos generales, el argumento de la novela. La obra de Herbert está narrada en tercera persona valiéndose de un narrador omnisciente, lo que nos permite conocer los pensamientos de todos los miembros de la familia y de algunos de los personajes con los que se encontrarán en la historia, como Lily Peel, la vidente, o Percy, el jardinero. Además de eso, la historia está dividida en dos líneas temporales: la de la actualidad con la familia Caleig y la del pasado de la pequeña mansión, que en tiempos de la Segunda Guerra Mundial fue una especie de orfanato/internado que acogía a huérfanos de guerra o a los hijos de los habitantes de Londres que, en vista de los posibles bombardeos que asolan la ciudad, envían allí a sus hijos para alejarlos del horror del conflicto bélico, Narnia. En este período de tiempo volveremos a ver a Percy cuando apenas era un veinteañero y a Nancy, una joven con una deformidad en uno de sus brazos que siempre trata de ocultar portando un chal encima de los hombros, cubriéndole media cintura y que será la profesora de los niños de Crickley Hall, que están, a su vez, tutelados por los hermanos Augustus y Magda Cribben, dos seres bastante misteriosos y crueles.
a lo

La novela está bien construida, pero peca de ser tremendamente tópica y estereotipada. A medida que las páginas iban desfilando ante mis ojos, podía reconocer todos los clichés que rodean las historias de casas encantadas. Todos ellos los he visto en diversos formatos bastantes veces, aunque es muy cierto que este tipo de novelas −o peliculas o series− suelen parecerse en extremo, diferenciándose solamente por la historia que esconde el nuevo hábitat en cuestión de los protagonistas, y a veces incluso estas son increíblemente parecidas. En el caso de Crickley Hall reconozco que la historia que envuelve el hogar de los Caleig es lo que le da fuerza a la novela, pues hasta ahora nunca había visto algo parecido en este tipo de historias y es lo que logra que, a pesar de los clichés, valga la pena leerla para pasar un buen rato, porque sigue sin ser realmente un novelón que destaque.

¿Por qué digo que la novela de James Herbert es tópica a más no poder? Pues por diversos aspectos que puedo comentar si necesidad de haceros spoilers ni de estropearos la trama. Vayamos a ver, queridos lectores: nos encontramos con esta familia en la que la mujer, Eve, afirma que su hijo sigue vivo, pues lo siente en su interior ya que el lazo que Cam y ella poseen es más fuerte de lo normal mientras que el marido no tiene ningún tipo de esperanza pero trata de callarse para no hundir más a su mujer, la cual es muy consciente de lo que piensa su marido. Mmm, me suena. La familia al completo se traslada a una pequeña localidad costera de Inglaterra en la que las cosas son blancas y en la que suele llover bastante, incluso en el momento en el que ellos llegan. Muy original. Al llegar deciden comprar comida y ciertos utensilios para llevárselos consigo a Crickley Hall. La gente parece bastante amable, ¿por qué no ir a comer y a refugiarnos a la típica taberna del lugar? ¡Claro, es obvio! Allí charlamos con la gente, qué simpáticos todos. La conversación se desenvuelve estupendamente bien hasta que llega la pregunta. Vamos a ver… ¿qué pregunta podrá ser…? ¡Ah, sí! ¿Dónde os vais a instalar? Pues en la oscura mansión alejada e incomunicada del pueblo, la cual lleva décadas vacía porque nadie la quiere y su precio en el mercado roza ya lo risible, pues la inmobiliaria está desesperada. Nuestro bonachones protagonistas responden y, veamos, ¿Qué podría suceder a continuación?... ¿qué podría suceder? ¿qué clase de pregunta es esa? ¡Es obvio que todos los presentes palidecerán, gemirán de sorpresa y luego, enmudecerán! La atmósfera del local se torna huraña e incómoda y, como no, Eve tiene que notarlo, porque claro, es la mujer y la mujer siempre es la que lo nota todo. La familia Caleig procede a instalarse en su nuevo hogar, ubicado en un espacio geográfico denominado La Garganta del Diablo. Un lugar muy apetecible para vivir e idóneo para que pasen cosas extrañas, ¿no? Qué va. Para nada. Y una vez allí, ¿qué creéis que pasará? Pues no sé, a ver… ¿Es posible que la casa huela muy mal, haga humedad, que la temperatura baje considerablemente de una estancia a otra y que por la noche se oigan pisadas en el ático, pasos descendentes por las escaleras y puertas que se abren cada dos por tres, como la del sótano que además tiene un pozo? ¡Pues , habéis acertado si pensabais eso! 

Las tres reacciones más habituales ante la lectura.


Venga va, que estamos en racha, a ver si seguimos aventurando que más puede pasar. ¿Eve, como la mujer, nota cosas raras y así se lo hace notar a su marido, que en ningún momento la cree y comienza a pensar que su mujer o está loca o la depresión la ha consumido? ¡Bingo! ¿Y qué sospecháis que hará ahora Eve? ¿Preguntarse con quien juega su pequeña Cally −por que claro, los pequeños siempre lo ven todo y no se asustan− o por qué su perro no quiere entrar en la casa y cuando lo obligan a hacerlo parece volverse loco de miedo? Pues hace ambas cosas. Eve querrá descubrir que sucede en ese hogar que parce inquietarlos a todos menos a su esposo, Gabe, que se hace bastante el loco. Y aquí es dónde entrarán Lily, la vidente y otros personajes como Percy o Gordon para tratar de ofrecerle a la atormentada Eve las respuestas del misterio de Crickley Hall, pues siente que fuese lo que fuese lo que ocurrió, esto podría traerle la respuesta sobre el paradero de su hijo. Oh, ¡pero que original es todo, por Dios!

Parece que la novela no me haya gustado al expresar esto, y todo lo contrario. Me gustó y disfruté con su lectura, pero hay que ser justos a la hora de reseñar y ofrecerle a la gente una opinión sincera. Recomiendo su lectura, pero no os penséis por ello que vais a hacer un descubrimiento impresionante. Nada más lejos de la realidad.

Crickley Hall en el pasado con una Nancy sin deformidad en
el brazo.
Para acabar, decir que la BBC realizó hará un par de años y algo casi tres, para Halloween, una adaptación en formato de miniserie de tres episodios de la novela de Herbert. El ambiente está muy logrado y las interpretaciones son bastante idénticas a las de sus personajes, sobre todo la de Eve −interpretada por Suranne Jones−, y muchos reconocerán a Maisie Williams, Arya Stark de Juego de Tronos en el papel de Loren o a Tom Ellis que figuró, entre otras, en Eastenders y en Once Upon a Time. Cada capítulo tiene una duración de aproximadamente una hora y la cosa empieza bastante bien. El primer episodio es muy fiel, realiza un par de cambios y elimina alguna cosa, pero el resultado es bastante bueno. En el segundo siguen bien pero la cosa empieza ya a desviarse y te deja con un sabor agridulce si te has leído el libro para, al final, inventarse todo lo que sucede en el tercer capítulo, haciendo una visión bastante más suave que lo que nos cuenta Herbert, sin duda mucho más perturbador y macabro, pues la novela contiene escenas bastante fuertes y chocantes, algunas visualmente buenas, pero en la adaptación o se suavizan o bien se suprimen directamente, como la deformidad del brazo de Nancy, que a pesar de insinuarla, ambas extremidades lucen estupendamente. El visionado al final no me gustó por esa serie de cambios trascendentales que hizo, así que no la recomiendo si se ha leído la novela con anterioridad.



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