lunes, 23 de marzo de 2015

Civilización vs Barbarie: Los Pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán



Título: Los Pazos de Ulloa.
Autora: Emilia Pardo Bazán.
Año de publicación original: 1886.
Edición: Cátedra, (décima edición, 2007). También disponible en Crítica, Castalia, Alianza editorial y La Galera.
Páginas: 405.








Resulta obligatorio para todo lector que se precie releer aquellas obras que más nos han gustado, pues en nuestro interior sentimos el ansia de volver a soñar y a encandilarnos con las páginas que, antaño, nos transportaron a otra realidad en la que perdernos y de la que, a veces, deseamos no volver. Pero esto puede convertirse en un arma de doble filo, pues no toda relectura puede ser agradable, sino al contrario. Tras cierto tiempo, el bagaje literario que como lector uno va adquiriendo se acrecienta y, por consecuente, algo que nos pareció fabuloso en el pasado puede dejar de parecérnoslo ahora. Por suerte para mí no ha sido ese el caso de Los Pazos de Ulloa, novela que leí por primera vez hace tres años y que releí hace muy poco. No solo puedo afirmar que me gustó hace tres años, sino que ahora me ha gustado muchísimo más, pues he sabido apreciar otros aspectos que, en el pasado, no supe. Pero pongámonos en antecedentes.

Emilia Pardo Bazán escribió su novela más emblemática, Los Pazos de Ulloa, en el año 1885, aunque esta no vería la luz hasta 1886, cuando los encargados de la colección Biblioteca de autores contemporáneos, perteneciente al sello de Daniel Cortezo y Cª Editores, le solicitaron que escribiese unos Apuntes autobiográficos que se antecederían a la futura edición de la novela. Los Pazos de Ulloa, escrita bajo los preceptos naturalistas de Emilia Pardo Bazán −entre los cuales destacaba el espiritualismo como base− posee un tema puramente propio de esta corriente proclamada por Zola: la descomposición de los antiguos organismos sociales, a saber, la aristocracia rural gallega. Los Pazos, así como su continuación, La Madre Naturaleza, conforman una bilogía que se centra en contar la lenta decadencia de este grupo social y del lugar que lo personifica: el pazo de los Moscoso. Así, el tema central de la novela gira alrededor de la lenta degeneración de la mansión aristocrática, gobernada por las pasiones más bajas y los instintos más viles, en un ambiente que se respira brutalidad y satanismo por doquier sin que exista espacio para el mundo espiritual y de la buena conciencia. 

Pazo gallego.


Emilia Pardo Bazán enfrenta en su novela a dos mundos distintos: por un lado, el campesino-rural-natural-material de Zola, y por otro, el cosmopolita-débil-espiritual que encarna su propia ideología. El tema fundamental engloba concepciones, clases sociales y espacios, tres aspectos que se compaginan entre sí para consolidar la tesis que la autora se propuso ofrecer desde el principio en esa novela escrita con mayor simpatía hacia la propia naturaleza que a los personajes, por muchos de los cuales −Don Pedro, Sabel o Primitivo− sentía seria antipatía. Es fundamental entender la importancia del paisaje gallego de ámbito rural, pues la autora, siguiendo la idea naturalista del determinismo del medio, hará que estos sean condicionados por la alta región campestre del valle de Ulloa, donde los campesinos habitan en diminutos pueblos normalmente aislados. Su única compañía es la de la propia naturaleza en todo su esplendor: fuerte, salvaje y bárbara. En consecuencia, esta naturaleza se fundirá en uno solo con el ser humano, determinando su fisonomía y carácter, que será violento y pasional −Don Pedro, Sabel, Primitivo, el Abad de Ulloa, Perucho− contra el mundo civilizado, urbano y delicado −Julián y Nucha− que perderán la batalla contra ellos.

Emilia Pardo Bazán.
Julián Álvarez, un joven sacerdote, será el protagonista principal, pues muchos de los sucesos se nos serán referidos desde su punto de vista. En ocasiones parecerá un personaje pasivo y, en otras, se transformará un mero espectador dramático o un sujeto interventor con quién se abre y cierra la novela. Él será quien dé cuenta del paisaje salvaje que envuelve a los Pazos. Julián, que es blando y temperamentalmente afeminado, contrastará con los habitantes de los Pazos, que son crueles y bárbaros y que se burlarán de su complexión y de su  forma de ser, tildándole de «mequetrefe» y «mariquita». Su llegada nos mostrará desde el minuto uno la dualidad entre esas dos realidades, la del espíritu-ciudad contra la material-campesina-salvaje donde todo representa ininteligible para Julián, quien pretenderá encaminar a Don Pedro hasta que descubre su concubinato con Sabel, enterándose, en el proceso, de la auténtica posición de Primitivo en los Pazos −la de verdadero amo y demonio que se opondrá a la iglesia de Julián, entregándole a Don Pedro la tentación−. Aquí empezará una especie de tira y afloja entre ambos con el objetivo de alejar/acercar a Don Pedro y Sabel. Julián, tras triunfar aparentemente en su cometido, se sentirá feliz al ver que ha encaminado para bien a Don Pedro hasta que se percata de que no todo ha salido según lo planeado y se verá sometido a un profundo análisis de consciencia final para lograr su maduración como personaje.

El determinismo del medio pesa sobre todos los personajes y en Julián resulta más que evidente. Don Pedro, por ejemplo, es un hombre rudo y apto para la caza, dotado de una carente psicología que lo hará convertirse en un personaje que va decayendo en interés lentamente tras un suceso que no puedo referir por spoilers hasta convertirse en un personaje secundario en La Madre Naturaleza. Con tanto detalle no podía faltar también la animalización por ejemplo en Sabel, la esclava sexual del marqués, prototipo de la inmoralidad a quien se describe como un trozo de carne y más púdica que las vacas. El Abad de Boán, por su parte, es visto como un jabalí salvaje y Perucho es confundido con un perro debido a su suciedad y su actitud. La naturaleza se encuentra fuertemente arraigada en los seres que en ella habitan.

Santiago de Compostela, hogar de Julián y Nucha, es un escenario
 muy importante dentro de la novela.
Resulta interesante observar ese giro de tuerca que da la autora con la visión del campo. Desde el nacimiento de la tradición bucólica durante la antigüedad más clásica, la naturaleza siempre ha sido vista como un lugar idílico y purificador, totalmente ajeno a los males de la ciudad. Desde Virgilio, el gran poeta latino, pasando por Garcilaso o Montemayor hasta el bucolismo más próximo de la modernidad, encarnado en Meléndez Valdés, se ha dado cuenta de este tópico literario. Pero, sin embargo, entre los siglos XVIII-XIX la cosa empieza a cambiar. Tal y como especifiqué en la reseña de La Fontana de Oro, con la consolidación de las teorías e ideologías políticas, así como el de la industrialización, la ciudad y el campo invertirían sus papeles, pasando a ser el segundo en esta ocasión el peor parado, algo que ya trató Voltaire, siendo uno de los pioneros en reflejarlo.


En definitiva, la relectura de Los Pazos de Ulloa ha resultado sumamente placentera y enriquecedora. Recomiendo su lectura a todo aquel que esté interesado en la novela decimonónica, pues en ella encontrará reflejado un excelente mosaico de una sociedad que, en realidad, no es tan lejana a la nuestra. 

Como curiosidad, cabe advertir que existe una adaptación en forma de miniserie de tres capítulos que adapta tanto Los Pazos como La Madre Naturaleza. En general no recomiendo su visionado, pues en tan solo tres episodios resulta imposible captar la esencia de la novela ya que se dejan muchas cosas. Además, salvo Sabel, el resto de personajes no se parecen en nada a lo descrito por el libro. Los jóvenes parecen viejos y los viejos no están tan machacados. Encuentro que se podrían haber esmerado más tanto en la elección del elenco como en la filmación. Pero en fin, he visto cada cosa que ya estoy curado de espanto. 

4 comentarios:

  1. Un placer de nuevo leer la reseña de una de las obras que más he disfrutado en estos cuatro años. Aquí sí, realmente, me parece que resumes perfectamente uno de los temas centrales que propone la obra. Un abrazo!

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    1. Gracias por tus palabras, Gloria :) es un placer saber que te ha gustado la reseña y concuerdo contigo en que esta novela ha sido de lo mejor que hemos leído durante toda la carrera. Espero poder leer pronto la segunda parte, a ver que tal.

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  2. Hola!!! de esta autora no he leido nada y eso que tengo en mi estanteria La madre naturaleza, pero no me llama demasiado la atencion. Tal vez me anime con este, poruqe tras leerte me has convencido. Gracias por la reseña
    Por cierto, acabo de descubrir tu blog, y ya me quedo por aquí, así que tienes un seguidor nuevo.
    Te invito a visitar mi blog y a seguirme si te gusta.
    Un saludo, nos leemos

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    1. ¡Bienvenido a mi pequeño rincón, Jaime!

      Me alegra que te haya gustado la reseña y que te decidas a leer esta novela, vale mucho la pena. Fue mi primer contacto con su universo literario y la verdad es que no pude tener una entrada mejor. La Madre Naturaleza es posterior argumentalmente hablando, aunque si bien es cierto que la lectura de Los Pazos «no es del todo obligada» −y digo esto con muchos matices, pues creo que no se entiende La Madre correctamente sin la anterior, pues en estas los personajes pagan por los errores de sus antecesores− para leer esta, es bastante aconsejable hacerlo. Si te animas, ya me contarás, supongo que podré verlo en tu blog que ahora mismo pienso explorar. ¡Gracias por tu comentario!

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