lunes, 30 de marzo de 2015

Homo homini lupus: La Cúpula, de Stephen King

Título: La Cúpula.
Autor: Stephen King.
Año: 2009.

Editorial: PLAZA & JANÉS (30€, 1136 págs.) y DEBOLS!LLO (10,95€, 1128 págs).



Reseñar esta novela supone todo un reto para mí a pesar de la cantidad de veces que he expresado oralmente lo mucho que me encanta. Me he puesto a escribir y reescribir y me cuesta encontrar las palabras acertadas, pues son tantas las sensaciones que me ha despertado la lectura de esta novela del señor King que no sabría cómo estructúralas ni expresarlas bajo esta forma. Lo sé, menuda paradoja, pero lo voy a intentar, puesto que la novela en cuestión lo merece. Ahí vamos.

¿Qué haríais si, de repente, el pueblo o la ciudad en la que vivís se encontrasen aislados de la noche a la mañana? Los recursos se agotan. La comida se acaba. El clima se estanca y se pudre. El miedo crece y la violencia con él. Las leyes del resto del mundo ya no son aplicables a vuestro hábitat, pues ya no pertenecéis a él. Alguien debe poner la situación bajo control, pero… ¿será ese el indicado?
Portada de la edición original y de PLAZA & JANÉS.

Con esta premisa me pongo a introduciros en el increíble, fascinante, maravilloso e impresionante mundo que Stephen King recrea en esta descomunal −no solo por el tamaño− y magistral novela antipolítica. Sí, habéis leído bien, antipolítica. Y también con cierta crítica al fanatismo religioso. A priori no es esto lo que uno espera, ¿me equivoco? A fin de cuentas la premisa de que una gigantesca cúpula caiga del cielo y aísle a un pueblo parece el argumento de una novela de ciencia ficción. Bueno, podríamos decir que la novela tiene es toque, pero eso, irónicamente, es lo de menos. Precederé a explicarme.

Nos encontramos en la agradable y pintoresca localidad de Chester's Mills, un pueblo del estado de Maine, donde transcurre la obra literaria de King casi en su totalidad. El pueblo, vecino de Castle Rock −los más avezados en el autor lo reconocerán enseguida− experimenta, de pronto y sin esperarlo, un fenómeno paranormal que conmocionará al planeta entero: una gigantesca cúpula de un cristal increíblemente resistente cae del cielo y cubre a todo Chester’s Mills de arriba a abajo sin dejar nada fuera. En el momento de su caída muchas personas morirán y otras sufrirán unas terribles amputaciones que serán descritas con todo detalle. Una avioneta que sobrevolaba el pueblo se estrellará contra la cúpula y el terror comenzará a apoderarse del lugar. Aquí comienza nuestra historia.


En La cúpula Stephen King nos muestra su agridulce desconfianza hacía los políticos, pues la historia de la novela recae, en un 80% de sus páginas, en una dictadura. Con la caída de esa gigantesca campana de cristal, todo Chester’s Mills ha quedado aislado del resto del planeta y los habitantes se muestran entre estupefactos y atemorizados ante tal acontecimiento. Las fuerzas de seguridad del ejército tratan de destruir la barrera mediante artefactos explosivos de alta potencia, acido y un sinfín de métodos altamente peligrosos que acaban destruyendo todo el medioambiente que rodea el pequeño pueblo de Maine. Esto es visto por Big Jim Rennie, el segundo concejal del ayuntamiento, como una gran oportunidad para alzarse como el héroe local, asumiendo el mando de Chester’s Mills empleando como marioneta a Andy Sanders, el primer concejal a quien tiene dominado, mientras mantiene a raya a Andrea Grinnell, la tercera concejala, adicta a los tranquilizantes y los calmantes que el propio Big Jim le administra con tal de mantenerla controlada para que no le estorbe. No obstante, hay dos cosas con las que nuestro dictador no cuenta: una es que su archienemigo, Dale Barbara alías «Barbie» para los amigos −sí, como la muñeca− no ha logrado marcharse del pueblo, pues la cúpula se lo ha impedido en el último momento. La otra es que él desconoce el pasado militar de Barbie y que, por consiguiente, tanto el presidente de los Estados Unidos como el general Cox, supervisor de toda la situación de este fenómeno paranormal, lo designan como líder mayor del pueblo hasta que la situación quede bajo control. Esto, evidentemente, no agrada ni a Big Jim ni a su hijo, Junior, quienes odian a Barbie con fervor. La enemistad de ambos se pondrá a prueba cuando padre e hijo trataran de aniquilar a Barbie, pero hay otra cosa con la que no contaran: su abuso de autoridad chocará con varios ciudadanos que se unirán a Barbie, creando el grupo de rebeldes.

Stephen King.
Stephen King detesta a los políticos, no confía en ellos y la verdad es que motivos no le sobran, teniendo en cuenta cómo está la cosa en la actualidad. Por ello mismo, en esta novela recrea la figura del político corrupto, ansioso de poder y capaz de hacer cualquier cosa para mantenerlo. Aquí es donde se encuentra, en mi opinión, el mayor encanto de la novela. Con el aislamiento, los recursos energéticos empiezan a escasear. Apenas queda propano. La electricidad y el agua adquieren mayor valor que el oro. La comida tiene un límite, igual que las medicinas y los servicios sanitarios. El aire apenas corre y el clima se estanca, otorgando al lugar cierto olor a podredumbre que se irá acrecentando con el paso de los días y, con ello, el miedo crece y la violencia se desparrama en todo su esplendor. Y aquí es donde entra Big Jim.

El concejal Reenie empezará a hacer de las suyas muy pronto. Muchos de los miembros del cuerpo policial y de otros sectores vitales de la población empiezan a ser sustituidos por aquellos en quienes él confía −o mejor dicho, manipula− y por los amigos de su hijo. Pronto, todo Chester’s Mills estará bajo su control. Solo Barbie y los suyos se oponen a sus planes y, por tanto, los rebeldes tienen que ser eliminados.

La dictadura que Big Jim instaura dentro de Chester’s Mills no tiene precio, y es que ocurre de todo. Desde la prohibición de la venta de alimentos que crea altercados hasta ejecuciones, asesinatos, violaciones, palizas, filias sexuales espeluznantes, saqueos, lavados de cerebro, chantajes, corrupción, prohibición de la libertad de expresión de la prensa local y un verdadero baño de sangre. Lo tiene todo, no le falta de nada. Stephen King es famoso por ser el rey del terror y por sus escenas realmente macabras, algo que aquí se refleja a pesar de que la novela no sea de terror, sino una distopía revestida de ciencia ficción para atraer a los lectores que no se esperan encontrarse ante semejante panorama, y es que todo está descrito con el más mínimo detalle: las amputaciones, las violaciones, las palizas… todo está contado al milímetro, logrando, con ello, la sensación de que lo ocurrido en el interior de las páginas te está afectando a ti. Realmente APLAUDO el excelente trabajo que King ha recreado en La Cúpula, pues es totalmente digno de admiración.

Mapa de Chester's Mills.
La novela se divide en varios libros, cada uno estructurado en capítulos, algunos más largos y otros más cortos, normalmente vistos siempre desde el punto de vista de uno de los cientos de personajes. Sí, habéis leído bien, cientos. En La Cúpula encontramos un gigantesco abanico de personajes de lo más variopinto y el trabajo de King para desarrollarlo es excelente. Es muy cierto que al principio cuesta hacerse eco de todos, pero no hay que olvidar que la novela tiene un total de 1128 páginas, así que espacio de sobra para mostrarlos con calma hay. Además, antes del inicio de la narración King nos ofrece un mapa de Chester’s Mills para que podamos seguir a ojo los pasos de los personajes y una dramatis personae en la que figuran todos ellos, aunque no todos importan. Por ejemplo, en el transcurso de las 60 primeras páginas desfilarán por ellas junto a Barbie algunos que solo están ahí para mostrar los efectos de la caída de la cúpula, nada más. Luego no volveremos a verlos. Algunos van entrado más pronto −Big Jim, Junior, Angie, Sanders o el sheriff Perkins− u otros más tarde −mi querida Julia, que no aparece hasta la página 200, pero luego es de las que más chupa cámara, algo que me alegra−. Esta lista de personajes la podemos dividir en tres bloques: los pertenecientes al bando del dictador, los rebeldes y los que no se encuentran inmersos en la lucha, como Sammy Bushey, quien tiene su papel importante y quien logra hacer algo muy bueno por los rebeldes. De entre todo el elenco yo destaco a mi Julia Shumway, mi personaje favorito de todo el libro. Es una mujer de unos cuarenta y cinco años aproximadamente, pero posee cierta sexualidad muy atrayente. Es la directora del periódico local, el Democrat −la ironía de llamar así al diario teniendo en cuenta el contexto de la novela es brillante. Muy buena, señor King− que siempre ha destapado todos los trapos sucios de Big Jim y le ha plantado cara. Julia será una de las mayores aliadas de Barbie, el presunto protagonista, pues su presencia es la que lo origina todo, pero encuentro su personaje −el de Barbie− bastante menos carismático que otros. Además de Julia, también contará con el apoyo de Rusty Everett, ayudante de medicina del hospital y, en breves, el médico del pueblo. Ambos serán los mayores aliados de Barbie desde un principio y quienes más lo apoyaran junto a la tierna y dulce Rose, la dueña del Sweetbriar Rose, la cafetería-restaurante donde trabajaba Barbie. A ellos se unirán la genial Piper Libby, reverenda del pueblo con un carácter muy fuerte y con cierto ateismo implícito que contrasta con su oficio; Joe, un adolescente de 13 años muy inteligente que será otro gran apoyo y que involucrará a sus amigos Norrie y Drake y por consecuente sus familias, destacando al abuelo de Norrie, también fantástico. La mujer del sheriff, Brenda, el matrimonio Burpee, las agentes Jackie Wettington y Linda Everett −la mujer de Rusty− el forastero Thurston Marshall, la bibliotecaria Lissa Jamieson, el borrachuzo del pueblo Sam Verdreaux, la concejala Grinnell, entre otros, conformarán la activa lucha contra la dictadura de Big Jim, a quien no lo interesa para nada que la cúpula desaparezca, pues es consciente de que, si dicho suceso ocurriese, el ejército del exterior lo ejecutaría. O ellos o los propios rebeldes.

Por otro lado están el dictador y sus esbirros. No exagero cuando digo que tanto Big Jim como su hijo Junior son los personajes literarios que MÁS HE ODIADO −y sigo haciéndolo− en esta vida. En serio, lo suyo es increíble. Son los seres más crueles, despiadados y abominables que he visto jamás. Las acciones que ambos llegan a acometer para mantener su posición son… indescriptibles. Jamás me había puesto de tan de mal humor leyendo una novela, y mira que ha habido ocasiones, pero como en esta, jamás. Y sus secuaces son de lo peorcito también. Menuda bilis me despertaron los desgraciados −no tienen otro nombre−, y con la escena… oh, la escena. Recordaré esa escena para siempre. De lo más impactante que he visto, ya tirando para el final. Increíble.

He acabado extendiéndome mucho, pero voy a ir acabando ya. Recomiendo la lectura de La Cúpula a todo el mundo, salvo a aquellos que temen −desconozco el motivo− los libros tan extensos o a los que padezcan de «sensiblitis». En serio, si hay ciertas cosas que no toleráis os advierto desde un principio que lo macabro, lo gore y lo violento de este libro es REALMENTE ELEVADO. Hay escenas capaces de despertar el vomito, pero es que vale tanto la pena. Es genial. Lo único «negativo» que se le puede achacar a la novela, bajo mi punto de vista, es el misterio tras la cúpula −no haré spoilers, tranquilos−. A lo largo de la novela eres consciente de que la enorme campana de cristal está ahí, pues todo lo que sucede es por su culpa, pero en un momento dado esta queda relegada a un segundo plano y lo que importa es lo que está teniendo lugar en el interior del pueblo. En ocasiones hay sucesos que van ligados a ella, como los mensajes premonitorios de los niños dentro de los ataques epilépticos, la radiactividad o incluso el propio generador de esta, pero lo que la provoca dejó descontentos a muchos lectores. A mí en lo personal lo que se esconde tras ella y lo que acaba ocurriendo al final me gustó, entendí el mensaje de King de una forma especial y si bien es cierto que se nota quizá cierto apresuramiento en él −después de cientos y cientos de páginas donde la política la sustituye− a muchos puede no gustar. A mí no me pasó, por suerte. Lo otro es  que quizá los personajes pequen de maniqueos, pero, bajo mi punto de vista, es lo que tiene una dictadura, y sino pensad en las que conozcáis en la historia y veréis cómo, según vuestra ideología, unos eran «muy buenos» y otros «muy malos», existiendo, obviamente, términos medios en según que casos. Yo tampoco lo considero un problema, pero quizá a alguno le moleste.


Para acabar, mencionar la existencia de una serie ¿basada? ¿Inspirada? ¿Tomadura de pelo? que «recrea» la novela. Pues que no os engañen. ES MENTIRA. La serie no se parece EN NADA, pero es que en NADA. Muchos de los personajes no salen y cambian totalmente la trama, dándole a la serie precisamente el toque de ciencia ficción que le falta al libro, obviando la parte política, pues el Big Jim de la serie parece hasta bueno al lado del visto en el libro, y Junior en la serie es un maldito moñas que roza lo sentimental, dejando de lado esa perturbadora esencia que lo definía. Las personalidades están todas cambiadas y las tramas son inventadas en su mayoría. Nada que ver. Nada. La abandoné en el 2x01 y de mal humor tras el visionado de este capítulo. En serio, menuda tomadura de pelo. Es la PEOR adaptación que he visto jamás de una novela. De verdad, nunca he visto nada peor, es que hasta la película de Cazadores de sombras, con lo mala que fue y lo poco que se parecía al libro, es buena en comparación. 

Barbie, Angie, Big Jim y
Julia según la serie.

lunes, 23 de marzo de 2015

Civilización vs Barbarie: Los Pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán



Título: Los Pazos de Ulloa.
Autora: Emilia Pardo Bazán.
Año de publicación original: 1886.
Edición: Cátedra, (décima edición, 2007). También disponible en Crítica, Castalia, Alianza editorial y La Galera.
Páginas: 405.








Resulta obligatorio para todo lector que se precie releer aquellas obras que más nos han gustado, pues en nuestro interior sentimos el ansia de volver a soñar y a encandilarnos con las páginas que, antaño, nos transportaron a otra realidad en la que perdernos y de la que, a veces, deseamos no volver. Pero esto puede convertirse en un arma de doble filo, pues no toda relectura puede ser agradable, sino al contrario. Tras cierto tiempo, el bagaje literario que como lector uno va adquiriendo se acrecienta y, por consecuente, algo que nos pareció fabuloso en el pasado puede dejar de parecérnoslo ahora. Por suerte para mí no ha sido ese el caso de Los Pazos de Ulloa, novela que leí por primera vez hace tres años y que releí hace muy poco. No solo puedo afirmar que me gustó hace tres años, sino que ahora me ha gustado muchísimo más, pues he sabido apreciar otros aspectos que, en el pasado, no supe. Pero pongámonos en antecedentes.

Emilia Pardo Bazán escribió su novela más emblemática, Los Pazos de Ulloa, en el año 1885, aunque esta no vería la luz hasta 1886, cuando los encargados de la colección Biblioteca de autores contemporáneos, perteneciente al sello de Daniel Cortezo y Cª Editores, le solicitaron que escribiese unos Apuntes autobiográficos que se antecederían a la futura edición de la novela. Los Pazos de Ulloa, escrita bajo los preceptos naturalistas de Emilia Pardo Bazán −entre los cuales destacaba el espiritualismo como base− posee un tema puramente propio de esta corriente proclamada por Zola: la descomposición de los antiguos organismos sociales, a saber, la aristocracia rural gallega. Los Pazos, así como su continuación, La Madre Naturaleza, conforman una bilogía que se centra en contar la lenta decadencia de este grupo social y del lugar que lo personifica: el pazo de los Moscoso. Así, el tema central de la novela gira alrededor de la lenta degeneración de la mansión aristocrática, gobernada por las pasiones más bajas y los instintos más viles, en un ambiente que se respira brutalidad y satanismo por doquier sin que exista espacio para el mundo espiritual y de la buena conciencia. 

Pazo gallego.


Emilia Pardo Bazán enfrenta en su novela a dos mundos distintos: por un lado, el campesino-rural-natural-material de Zola, y por otro, el cosmopolita-débil-espiritual que encarna su propia ideología. El tema fundamental engloba concepciones, clases sociales y espacios, tres aspectos que se compaginan entre sí para consolidar la tesis que la autora se propuso ofrecer desde el principio en esa novela escrita con mayor simpatía hacia la propia naturaleza que a los personajes, por muchos de los cuales −Don Pedro, Sabel o Primitivo− sentía seria antipatía. Es fundamental entender la importancia del paisaje gallego de ámbito rural, pues la autora, siguiendo la idea naturalista del determinismo del medio, hará que estos sean condicionados por la alta región campestre del valle de Ulloa, donde los campesinos habitan en diminutos pueblos normalmente aislados. Su única compañía es la de la propia naturaleza en todo su esplendor: fuerte, salvaje y bárbara. En consecuencia, esta naturaleza se fundirá en uno solo con el ser humano, determinando su fisonomía y carácter, que será violento y pasional −Don Pedro, Sabel, Primitivo, el Abad de Ulloa, Perucho− contra el mundo civilizado, urbano y delicado −Julián y Nucha− que perderán la batalla contra ellos.

Emilia Pardo Bazán.
Julián Álvarez, un joven sacerdote, será el protagonista principal, pues muchos de los sucesos se nos serán referidos desde su punto de vista. En ocasiones parecerá un personaje pasivo y, en otras, se transformará un mero espectador dramático o un sujeto interventor con quién se abre y cierra la novela. Él será quien dé cuenta del paisaje salvaje que envuelve a los Pazos. Julián, que es blando y temperamentalmente afeminado, contrastará con los habitantes de los Pazos, que son crueles y bárbaros y que se burlarán de su complexión y de su  forma de ser, tildándole de «mequetrefe» y «mariquita». Su llegada nos mostrará desde el minuto uno la dualidad entre esas dos realidades, la del espíritu-ciudad contra la material-campesina-salvaje donde todo representa ininteligible para Julián, quien pretenderá encaminar a Don Pedro hasta que descubre su concubinato con Sabel, enterándose, en el proceso, de la auténtica posición de Primitivo en los Pazos −la de verdadero amo y demonio que se opondrá a la iglesia de Julián, entregándole a Don Pedro la tentación−. Aquí empezará una especie de tira y afloja entre ambos con el objetivo de alejar/acercar a Don Pedro y Sabel. Julián, tras triunfar aparentemente en su cometido, se sentirá feliz al ver que ha encaminado para bien a Don Pedro hasta que se percata de que no todo ha salido según lo planeado y se verá sometido a un profundo análisis de consciencia final para lograr su maduración como personaje.

El determinismo del medio pesa sobre todos los personajes y en Julián resulta más que evidente. Don Pedro, por ejemplo, es un hombre rudo y apto para la caza, dotado de una carente psicología que lo hará convertirse en un personaje que va decayendo en interés lentamente tras un suceso que no puedo referir por spoilers hasta convertirse en un personaje secundario en La Madre Naturaleza. Con tanto detalle no podía faltar también la animalización por ejemplo en Sabel, la esclava sexual del marqués, prototipo de la inmoralidad a quien se describe como un trozo de carne y más púdica que las vacas. El Abad de Boán, por su parte, es visto como un jabalí salvaje y Perucho es confundido con un perro debido a su suciedad y su actitud. La naturaleza se encuentra fuertemente arraigada en los seres que en ella habitan.

Santiago de Compostela, hogar de Julián y Nucha, es un escenario
 muy importante dentro de la novela.
Resulta interesante observar ese giro de tuerca que da la autora con la visión del campo. Desde el nacimiento de la tradición bucólica durante la antigüedad más clásica, la naturaleza siempre ha sido vista como un lugar idílico y purificador, totalmente ajeno a los males de la ciudad. Desde Virgilio, el gran poeta latino, pasando por Garcilaso o Montemayor hasta el bucolismo más próximo de la modernidad, encarnado en Meléndez Valdés, se ha dado cuenta de este tópico literario. Pero, sin embargo, entre los siglos XVIII-XIX la cosa empieza a cambiar. Tal y como especifiqué en la reseña de La Fontana de Oro, con la consolidación de las teorías e ideologías políticas, así como el de la industrialización, la ciudad y el campo invertirían sus papeles, pasando a ser el segundo en esta ocasión el peor parado, algo que ya trató Voltaire, siendo uno de los pioneros en reflejarlo.


En definitiva, la relectura de Los Pazos de Ulloa ha resultado sumamente placentera y enriquecedora. Recomiendo su lectura a todo aquel que esté interesado en la novela decimonónica, pues en ella encontrará reflejado un excelente mosaico de una sociedad que, en realidad, no es tan lejana a la nuestra. 

Como curiosidad, cabe advertir que existe una adaptación en forma de miniserie de tres capítulos que adapta tanto Los Pazos como La Madre Naturaleza. En general no recomiendo su visionado, pues en tan solo tres episodios resulta imposible captar la esencia de la novela ya que se dejan muchas cosas. Además, salvo Sabel, el resto de personajes no se parecen en nada a lo descrito por el libro. Los jóvenes parecen viejos y los viejos no están tan machacados. Encuentro que se podrían haber esmerado más tanto en la elección del elenco como en la filmación. Pero en fin, he visto cada cosa que ya estoy curado de espanto. 

lunes, 16 de marzo de 2015

La eterna lucha: "La Fontana de Oro" de Galdós.

Título: La Fontana de Oro.
Autor: Benito Pérez Galdós.
Año de publicación original: 1871.
Editorial: Alianza, reedición de 2014.
Páginas: 440.


La historia de la humanidad podría describirse, en su mayor parte, como una lucha dual entre sectores permanente enfrentados y en apariencia irreconciliables. Con la llegada de la Ilustración dieciochesca, decenas de mentes −como Voltaire, Rousseau o Kant− comenzaron a configurar en distintos tratados una serie de ideas y teorías políticas que, poco a poco, acabarían por constituir lo que hoy en día entendemos por ideología y que acabó por consolidarse en el siglo XIX, creándose, con ello, dos mundos muy alejados el uno del otro y que han pervivido hasta la actualidad, transformándose en la columna vertebral de nuestra sociedad. Estos dos mundos no son otros que el liberal y el conservador.

Hoy en día la mayor parte de la población mundial se encuentra inscrita en uno de ellos. Muchas de las grandes mentes de la historia han pertenecido a uno u a otro bando, y no es ningún misterio que Benito Pérez Galdós, uno de los mejores novelistas que ha dado este decadente país, no fue una excepción. Efectivamente, Galdós fue un liberal declarado y uno de los mayores críticos para con la sociedad de su tiempo, solo superado en este campo sociológico −que no literario− por el malhumorado −pero brillante e irónico− Clarín. La mayor parte de sus novelas reflejan sus pensamientos, sus preferencias ideológico-políticas, pero fue La Fontana de Oro, su primera novela publicada, una de las más influidas por su mente.



La Fontana de Oro es una excelente, maravillosa e impresionante novela política que le sirvió a don Benito para catapultar una carrera que no había hecho nada más que empezar. Si bien es cierto que no posee la complejidad de otras de sus obras de arte como Misericordia o La desheredada, La Fontana es, en mi opinión, de lo mejorcito que he leído del autor hasta ahora −y son varias las lecturas que han desfilado por mis ojos−.

Ahora, la pregunta principal es… ¿de qué trata La Fontana de Oro?

La novela nos sitúa en la España del Trienio Liberal con un claro objetivo: mostrarnos el motivo por el cual el gobierno liberal-progresista fracasó.
Nuestro protagonista no es otro que Lázaro, un joven de no más de veintidós años que sueña con hacer carrera política en el bando liberal. Para ello, deberá desplazarse a Madrid, pues él es un muchacho de provincia donde las tendencias modernas no han llegado ni parece que vayan a hacerlo en un futuro próximo. Lázaro, que estudió humanidades en Tudela, y gracias a la ayuda de su madre, se dirigirá hacia Madrid para hospedarse en casa de su tío, don Elías Orejón alías «Coletilla», mote impuesto por el pueblo de Madrid, pues este personaje resulta ser un conservador y un absolutista de pura cepa que trabaja como espía para Fernando VII «el deseado», un rey tirano y resentido con sus súbditos, pues le obligaron a acatar la Constitución. Desde un primer momento, tío y sobrino chocaran debido a esa eterna lucha entre dos bandos que, por ahora, no parece tener un fin próximo.
Junto a ellos destacará Clara, la joven cándida y hermosa prototípica del folletín decimonónico que es acogida por Coletilla tras la muerte de sus padres y siendo, además, el interés amoroso de Lázaro, interés que, por cierto, es mutuo. La vida de ambos se verá envuelta e inevitablemente puesta patas arriba por las trifulcas políticas que están sacudiendo la capital y que están apunto de provocar un inminente derrumbe en el mundo que ambos creían conocer. Una eterna lucha entre dos bandos que jamás se detendrá, encontrándose en el epicentro de todo el café que le otorga nombre a la novela: La Fontana de Oro, lugar en el que se celebraban las reuniones clandestinas que tanto atemorizaban a Fernando VII y que es tremendamente ridiculizado a lo largo de las páginas.

En esta magnífica obra de arte Galdós se propuso un doble objetivo: el primero fue intentar aportar un aire renovador a la novela española del momento, visiblemente más atrasada que la del resto de Europa. En nuestro país, o se leía novela extranjera o se leía folletín de la peor calaña. Más o menos como ahora, vamos. Por otra parte, el segundo fue tratar de ofrecer una lección de historia a los lectores, mostrándoles los errores que cometieron los liberales en el pasado para poder comprender su presente y, así, derrotar a sus opositores.

El transfondo político de esta novela es absolutamente brutal, por no hablar del histórico y el folletinesco. Galdós la escribió influenciado sobre todo por la filosofía Krausista que llegó a España gracias a Julián Sanz del Río, quien se la dio a conocer, a su vez, a Giner de los Ríos, gran influencia para Galdós. Esta filosofía aboga, principalmente, por la modernización del país bajo los dictados de la razón y el libre pensamiento. Galdós lo refleja excelentemente con la perfilación de sus personajes que, por otra parte, demuestran una imparcialidad que mejoraría en Doña Perfecta, cuya reseña aparecerá en un futuro en este blog. Pero regresemos a lo que nos interesa.
Galdós crea unos personajes que encarnan esos dos bandos que demuestran el enfrentamiento político-social de la España del momento: Lázaro, Clara y el general-burgués Claudio Bozmediano simbolizarán el sector liberal, además de protagonizar un triangulo amoroso que debe mucho al folletín que Galdós tanto despreciaba y, por otro, al ya aludido Coletilla, que se verá acompañado por las terribles hermanas Porreño, un trío de arpías horrendas y muy atrasadas mentalmente −del que solo podríamos salvar a la dulce Paulita−, representantes de un régimen absolutamente caduco y que Galdós describe de una forma magistral, ensalzándolas a su propio hogar repleto de objetos que metaforizan las antiguas glorias y hazañas pasadas de una nación extinta que demuestran un pésimo estado de conservación, amén de un reloj que se paró a finales del siglo XVIII, época a la que, sin duda, pertenecen estas brujas que a todo lector se le antojan así:



Las metáforas con las que Galdós retrata y ridiculiza al sector conservador son dignas de admiración, en especial si se comparte su forma de pensar. Aquí estaría esa imparcialidad al hacer un bando bastante perfecto y otro realmente ridículo, repelente y abominable, pero forma parte de su juego literario y tanto las Porreño como Coletilla son unos personajes perfectamente construidos y que cumplen los objetivos que el autor se propuso, porque, salvo a la aludida Paulita, al resto los odias. Los odias MUCHO. Tanto las Porreño −Salomé y María de la Paz Jesús− como Coletilla les harán la vida imposible a Lázaro y a Clara, anulando su voluntad y menospreciándolos constantemente, simbolizando ellos en este caso la lucha liberal por un lado −Lázaro− y la España oprimida acogida por un absolutismo que no le deja tener contacto con el exterior, cerrando las fronteras −Clara− frente al poder real −Coletilla− y la devoción religiosa y moral −Porreños− .

Se trata sin duda alguna de una obra maestra cuyo alto trasfondo político y social puede abrumar aparentemente, pero aconsejo esta novela a cualquiera que le guste la lectura, en especial para aquellos que deseen iniciarse en la novelística galdosiana. Os aseguro que no os arrepentiréis.


Como anécdota final, comentar que la novela consta de dos finales, uno feliz y otro trágico que obedecen al estado de ánimo que el autor tenía en el momento de redacción y que responden a circunstancias sociales. Tan solo uno de ellos ha pervivido y es el que se encuentra actualmente, y en vuestras manos queda el averiguar cual de ellos es y, si sentís curiosidad por el otro, podéis consultar aquí un artículo de Casalduero, el descubridor de las existencia de el final que desconocíamos y que servía para explicar la falsedad de la fecha de publicación de la novela que aparecía en todos los manuales de historia de la literatura −1870− y que no concordaba con las memorias de Galdós ni con la reseña de Giner de los Ríos. 

domingo, 15 de marzo de 2015

Nuevos horizontes.


 

Bienvenidos a la voz de Orfeo, un blog de literatura y manifestaciones similares por y para todos. Bajo la figura de Orfeo, semidiós hijo de Apolo y el poeta entre poetas, quiero daros a conocer mis más humildes opiniones sobre diversos textos, ya sean prosísticos, dramáticos o líricos, tanto clásicos como contemporáneos. Os invito a dejaros seducir por su dulce canto, acompañado por las melodías de su lira y adentraos en este pequeño recoveco de entre los muchos existentes por la red para poder compartir y soñar juntos con las palabras surgidas de las plumas de múltiples autores. Un lugar para hablar de libros y derivados. Un sitio para reflexionar y debatir. Sed todos bienvenidos a mi pequeña parcela con la que espero poder entreteneros y daros a conocer piezas que quizá no conozcáis o que probablemente sí y no os animáis a leerlas. 



Espero que encontréis aquí lo que estéis buscando y no dudéis en dejarme un comentario siempre que queráis opinar sobre los contenidos del blog o realizar cualquier tipo de pregunta.

Las reseñas pueden ser tanto positivas como negativas. Es por ello que pido moderación a la hora de mostrar opiniones y que no ocurra lo que sucede con otros blogs donde muchos son incapaces de respetar la opinión del dueño que, libremente, ha decidido compartir las impresiones que su reciente lectura le ha despertado. Advierto desde un principio que cualquier comentario de tipo ofensivo que vaya dirigido hacia un comentarista o a mí mismo será eliminado sin dilación. 



La red es un lugar libre y, como tal, todo el mundo puede ejercer la libertad de expresión. Si las opiniones que alguien pueda expresar no coinciden con las que uno pueda tener, debe aceptarse. Yo mismo he leído en ocasiones comentarios negativos de libros que me han encantado y en ningún momento he atacado al redactor de la página en cuestión. La diversidad es universal y, como bien dice la expresión popular, «para gustos, colores». Haya paz para todo el mundo.

Muchas gracias por pasaros y dedicar algo de vuestro tiempo para leerme. Y, ahora, que comience la aventura.